El charco hondo

Sacrificio

A veces hay que parar para poder seguir, cerrar para poder abrir, confinar para volver, perder para ganar, perderse para encontrar, ir para regresar; cerrar una comunidad, municipio o pueblo para reabrirlos cuanto antes; restringir la movilidad unos días o durante un puente para poder moverse otros días y puentes; sacrificar noviembre para poder viajar […]

A veces hay que parar para poder seguir, cerrar para poder abrir, confinar para volver, perder para ganar, perderse para encontrar, ir para regresar; cerrar una comunidad, municipio o pueblo para reabrirlos cuanto antes; restringir la movilidad unos días o durante un puente para poder moverse otros días y puentes; sacrificar noviembre para poder viajar en diciembre, para salvar las navidades, y los meses que le siguen. Básicamente eso es lo que está pasando, esto y no otra cosa es lo que está ocurriendo con los confinamientos parciales y cierres perimetrales. Qué duda cabe de que a estas alturas de 2020 -año I de tanta anormalidad- dejarse arrastrar por el lado oscuro de los acontecimientos es tentador, comprensible. La moral flaquea. Al ánimo se le multiplican las humedades. La retina tiende a fijar la mirada en el negativo de la foto, en la cruz de la moneda. Llueven confinamientos más o menos parciales y proclamamos que, ahora sí, no habrá forma de remontar el partido. Las Comunidades Autónomas se contagian con cierres municipales, comarcales o regionales (concebidos para un puente o algunas semanas) y nos decimos que ya, que se acabó, en fin, para qué, adiós. Cabe otra lectura. Otro razonamiento es perfectamente posible. Rara vez lo que asoma como mala noticia esconde una buena noticia. Esta vez sí. Y la buena noticia de la mala noticia de los cierres o confinamientos de estos días es que ahora nos metemos en casa para salir de casa, movernos, viajar, a partir de diciembre, y después. Mala cosa sería que no sacrificáramos noviembre. Si no lo hiciéramos sí que lo tendríamos jodido a partir de diciembre. El sacrificio de estas semanas es necesario para poder liberarnos después de noviembre. A quienes metan en casa estas semanas querrán darse un homenaje cuando recuperen la movilidad -viajando a Canarias, por ejemplo-. Los sacrificios vienen de lejos. Confinarse es un marrón, sin duda, pero pensemos que quienes nos precedieron hacían cosas bastante más desagradables. Sacrificar un mes para evitar que el virus se lleve el siguiente, o los que siguen al siguiente, parece un precio razonable. La mala noticia de los confinamientos europeos o de los cierres autonómicos nos va a ahorrar otra peor, porque si ahora no lo hacemos difícilmente podríamos tener expectativas de que los turistas vuelvan a moverse en las últimas semanas de 2020 o primeras de 2021. Que el vaso de noviembre esté medio vacío nos permitirá que el de diciembre esté medio lleno. A veces hay que parar para poder seguir, cerrar para abrir, meternos en casa en noviembre para poder viajar en diciembre.