análisis

Una tormenta perfecta: cambio climático, gestión política y pandemias, por Luis Ortigosa

El impacto del coronavirus es inmediato y terrible. Pero hay otra profunda emergencia: la crisis ambiental que se está produciendo en el planeta…Los gases de efecto invernadero, al igual que los virus, no respetan las fronteras nacionales… La biodiversidad está en pronunciado declive… Las perturbaciones del clima se están acercando a un punto de no retorno…debemos actuar con decisión para proteger nuestro planeta tanto del coronavirus como de la amenaza existencial del cambio climático”. António Guterres. Secretario General de la ONU, septiembre 2020.

He querido comenzar este artículo de opinión con unas palabras recientemente pronunciadas por António Guterres, secretario general de la ONU, con motivo de la última Asamblea General de las Naciones Unidas, en la que se debatieron varias sesiones específicas dedicadas a la gravedad actual del cambio climático. En su alocución ante la ONU, Antonio Guterres une certeramente las palabras coronavirus y cambio climático, y yo he añadido una tercera frase para el debate, la gestión política. Tres factores, que, unidos, son los ingredientes para una tormenta perfecta de graves consecuencias para la humanidad.

El día 14 de marzo de 2020, se declaró en España el estado de alarma, con el confinamiento de toda la población, para intentar controlar la transmisión comunitaria de lo que en aquellos momentos se preveía como una grave amenaza para la salud pública: la pandemia por un nuevo coronavirus, desconocido hasta diciembre de 2019 por los autoridades sanitarias a nivel mundial (OMS, Organización Mundial de la Salud), y que en los primeros meses de 2020 se había ido extendiendo peligrosamente desde una ciudad china, Wuhan, al resto del mundo con una rapidez nunca antes vista, y dando nombre a una nueva y grave enfermedad para la humanidad: la COVID19.

Tres meses después, el día 21 de junio de 2020, se produjo el desconfinamiento de la población en España, con la esperanza de que esos tres meses de control casi absoluto de la población hubiese servido para conseguir que el coronavirus no continuase su expansión comunitaria. En esos días de junio, las bajas tasas de infectados por cada 100.000 habitantes presagiaban un adecuado control de la circulación del virus. Nada más lejos de la realidad. En tan sólo otros tres meses, con el verano por medio y la relajación frente al virus, comenzaba la segunda oleada pandémica, y con mayor virulencia que la primera.

Desde junio a septiembre, no sólo la crisis sanitaria, sino las otras dos crisis acompañantes, la social y la económica, se han ido haciendo cada vez más profundas en nuestro país. A 30 de septiembre, las tasas de infectados en España son las primeras de Europa, con más de 750.000 personas infectadas, han aumentado por miles el número de fallecidos, y España, es uno de los países que ocupa uno de los “puestos de honor” entre los diez países en el “ranking” mundial de infectados y fallecidos por esta cruel pandemia, un vergonzoso noveno puesto en el momento en que estoy finalizando estas notas. Toda una tragedia. Pero que podía haber sido evitada, a nivel español, europeo y mundial. Si hubiese habido una buena gestión política y de los responsables de salud pública, tanto a nivel nacional como mundial.

El 14 de septiembre de 2020, el GPMB, un Comité de la ONU para la monitorización global (Global Preparedness Monitoring Board, en sus siglas en inglés) publicó un informe titulado Un mundo en desorden. En este informe, este Comité ofrece una evaluación rigurosa de la respuesta global a la COVID-19, advirtiendo que el mundo no puede permitirse el lujo de estar desprevenido nuevamente cuando llegue la próxima pandemia. Este Comité ha pedido que se tomen cinco acciones urgentes para poner orden en la catástrofe y el caos con que se está enfrentando actualmente el mundo liderazgo responsable, ciudadanía comprometida, sistemas sólidos y ágiles de seguridad sanitaria, inversión sostenida en sanidad y educación, y una sólida gobernanza mundial para la preparación de pandemias: (https://apps.who.int/gpmb/assets/annual_report/GPMB_AR_2020_EN.pdf ).

Ya este mismo Comité, un año antes, había elaborado otro interesante documento en el que detallaba minuciosamente la posibilidad de una inminente pandemia(https://apps.who.int/gpmb/assets/annual_report/GPMB_annualreport_2019.pdf), y por lo que se ve, nadie lo leyó. Ni siquiera los máximos responsables de la OMS. Y la pandemia cayó como una losa sobre el mundo, provocando a fecha de hoy mas de 35 millones de infectados y un millón largo de muertos. Y estas cifras se irán multiplicando de forma exponencial en los próximos meses, hasta que dispongamos de vacunas seguras y eficaces para frenar la transmisión del virus.

Y lo que es peor, cinco años antes, otro Comité de Expertos de la OMS en la vigilancia de infecciones graves y epidemias mundiales, hizo un listado de diez enfermedades frente a las que había que prepararse porque representaban serios peligros para la humanidad si se convertían en pandémicas. ¿Y saben ustedes cuál era la décima enfermedad de esa peligrosa lista?: la Enfermedad X, una enfermedad que se produciría por un patógeno aún desconocido, pero que tendría graves efectos para la humanidad. Esa enfermedad hoy la conocemos como COVID19, y el patógeno lo conocemos como SARS-CoV-2.
Desde hace años se sabía que estábamos a las puertas de una pandemia, pero nadie, ni la OMS, ni la ONU, ni los grandes organismos financieros que controlan la economía mundial, y por supuesto ni los gobiernos de los principales países hicieron nada para evitarlo. Y llevamos seis meses de pesadilla, que nos harán contar por millones las cifras de muertos en estos dos próximos años.

¿Y qué tiene que ver, como hemos dicho en el título de este artículo el cambio climático, la gestión política y las pandemias? Ésta es la clave del momento actual, en el que todos miran a la pandemia, pero se olvidan que ésta ha sido causada por los efectos del cambio climático, y que éste es consecuencia de la falta de gobernanza a nivel mundial, donde la mayoría de los países están contribuyendo al calentamiento global, con las deforestaciones masivas, el comercio ilegal de miles de especies en extinción, la pérdida de biodiversidad en todos los continentes, y favoreciendo las zoonosis, la transmisión de virus entre animales y seres humanos…

Cambio climático, calentamiento global y efecto invernadero son tres frases que en estos días estamos volviendo a oír, porque en la última Asamblea General de la ONU, iniciada el día 21 de septiembre han vuelto a saltar las alarmas, y como ya he dicho en párrafos anteriores, hay numerosos Comités de Expertos que llevan años denunciando los efectos que el cambio climático está provocando sobre el planeta: y esto está íntimamente unido a la última pandemia. Hay que recordar que aproximadamente el 75% de las enfermedades infecciosas humanas en las últimas décadas tienen su origen en animales, y se sabe que, aproximadamente dos tercios de los patógenos que infectan al hombre son zoonóticos, es decir, saltan de animales a seres humanos. Y los gobiernos de los países con mayor influencia en la economía mundial lo saben, pero no hacen nada para poner freno a tanta destrucción medioambiental.

Y hay que volver a repetirlo: la destrucción de hábitats por las actividades humanas, que está causando una extinción masiva de especies, está detrás del origen y la expansión de enfermedades infecciosas que afectan a personas. Algunas en forma de pandemia como la actual COVID-19.

Y mientras todo esto ocurre a nuestro alrededor, cambio climático, calentamiento global, efecto invernadero, pandemia COVID19,… en nuestros país, la mayoría de los responsables políticos, de unos y otros partidos, están ensalzados en peleas ideológicas, defendiendo casi exclusivamente sus intereses partidistas, con los pies muy por encima de la tierra, sin responder a las necesidades del planeta y de la ciudadanía. Se percibe falta de gestión política, con una desconfianza cada vez mayor por parte de los ciudadanos hacia los políticos y la triste sensación de que, mientras el mundo está sumido en una gran crisis, los políticos miran hacia otro lado, hacia sus intereses partidistas…

Y finalizo con otra frase del secretario General de la ONU pronunciada en esta semana: “…La COVID-19 no es solo una llamada de advertencia: es un ensayo general para el mundo de desafíos que está por venir. (…) La pandemia nos ha enseñado que nuestras elecciones importan. De cara al futuro, asegurémonos de elegir sabiamente…”

*Pediatra. Presidente de la Sociedad Canaria de Pediatría

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