El charco hondo

Cero

Dice que no fue él -yo no fui, en dialecto escolar-. No fue él. Tampoco fue alguien de su equipo, asegura. Al decirlo se siente reforzado, en paz consigo mismo. Y aliviado. No fue él. No fui yo. Yo no fui. Su afirmación, una declaración minimalista cocinada para escapar sin entrar en detalles, hace que […]

Dice que no fue él -yo no fui, en dialecto escolar-. No fue él. Tampoco fue alguien de su equipo, asegura. Al decirlo se siente reforzado, en paz consigo mismo. Y aliviado. No fue él. No fui yo. Yo no fui. Su afirmación, una declaración minimalista cocinada para escapar sin entrar en detalles, hace que se sienta mejor. De alguna forma recuerda algo bastante frecuente en los chat de los padres del colegio. María ha perdido su libro de matemáticas, ¿alguien lo ha encontrado? Yo no. Yo no. Yo no. Cuando se le pregunta al delegado del Gobierno quién dio la orden de abandonar a su mala suerte a más de doscientos inmigrantes, Anselmo Pestana se descarta como autor de tal decisión, no da pistas, pero algo es algo, al menos ya sabemos que el Delegado no tiene quien le escriba, cuente o facilite información, extravagancia que, de regreso al colegio, sería el equivalente a un delegado sin clase -en mi EGB teníamos delegado, subdelegado, delegado de las tizas, de la papelera, de las ventanas y delegado del porrón; y al de porrón le pasaba lo que a Anselmo Pestana, no se enteraba de nada porque nadie le contaba nada-. No fue él. Solo quedan otros cuarenta millones de españoles como posibles autores de la orden más indigna, vergonzante e irresponsable. Tampoco fue el ministro. Grande anuncia una investigación como si la cosa no fuera con Marlaska. De las declaraciones del ministro se deduce que el ministro del Interior está indignado con el ministro del Interior. De la nota de prensa emitida por el Ministerio (escrita con la caligrafía de los médicos haciendo recetas) se concluye que en el Ministerio alucinan con lo que ha pasado en el Ministerio. Él no fue. Nadie fue. Hablan de lo ocurrido como si la orden hubiera salido del súper de la esquina, de la peluquería que han abierto al otro lado de la calle o del vestuario del Almendralejo Fútbol Club. Una orden de esa envergadura no la da un verso suelto, tampoco un eslabón perdido. No hay que buscar la autoría en los contenedores amarillos, ni en los verdes. No cabe barajar como hipótesis que alguien haya improvisado. Las órdenes suele tener su origen en la orden que previamente alguien dio siguiendo órdenes superiores de superiores de superiores. Ahora que tanto hemos aprendido reconstruyendo cadenas de contagios, no debe ser tan difícil desandar una orden. De la misma forma que hay un paciente cero, en las cadenas de mando siempre hay un responsable cero -político, es lo suyo-. Esta vez no hay que encontrar la equis, sino el cero.