despuÉs del paréntesis

China

Dicen que una de las cuitas más relevantes de los últimos años es la ultrapatriótica guerra que un tal Donald Trump emprendió contra China, porque China es una potencia comercial. El país asiático (se comenta) tembló por los aranceles. Más lo que algunos expertos comienzan a poner sobre la mesa ahora es eso de “mire usted a ver”. Y lo que deducen es que China, como país puntero en el orden productivo y organizativo, tiene de donde tirar y aguantar las imposturas del maléfico. Más aún, el dicho instructor los ha hecho progresar contra lo que pretendía.
Varias razones en su punto, cuentan. Una, y acaso la principal: China es el país del mundo que más dólares efectivos tiene en propiedad. Y eso no afecta a quien aprieta, aunque cuente con su potente moneda de intercambio, eso se relaciona con el apretado. Recuerdo que una cosa tal ocurrió en Argentina con el gobierno de Alfonsín. Las casas de cambio eran las que tenían los dólares efectivos. Por más que el Gobierno se moviera en atención al precio del austral, eran ellas las que ponían las condiciones. Di ahí la hiperinflación.
De modo que China podría amagar: sacar al mercado una parte de sus pertenencias. ¿Qué le ocurriría al sistema bancario de su adversario? Porque esa guerra horada la posición de EE.UU. en el mundo. Frente al multilateralismo de los europeos y de las otras potencias occidentales, el reaccionarismo decadente de quien debiera liderar. China se encontraría en esa línea de progreso, en contra de Trump. Es decir, los chinos centrarían el acceso efectivo al siglo XXI y su progreso, EE.UU. en la retaguardia de la nueva idealidad. Una ganancia impar, EE.UU. país en declive. De ahí el mensaje central: China no busca pelea pero no teme.
Más el fortalecimiento de mercados que pueden compartir y no comparten: África, Asia e incluso Europa.
¿Qué enuncia Trump en este punto? Una barbaridad. Quien se mira hacia adentro, jamás se descubrirá. El revelar es esencial para actuar en conveniencia. No lo acredita. Luego… Un punto de más a admitir del desastre político y convencional de semejante individuo, eso que se registra en el país más poderoso del mundo. Por cual, de las manifestaciones y actitudes del susodicho se colige lo que los intelectuales y los votantes activos sostienen allí: un peligro real para la democracia. Funesto.

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