El charco hondo

Peceras

Al igual que ocurre con la vida y el trabajo, con las relaciones familiares y con las parejas, en política la perspectiva contamina el proceder de los actores principales y secundarios. Un mismo acontecimiento puede ser percibido de forma diferente o radicalmente distinta, depende del papel que toque jugar. Quienes protagonizaron la tragedia del Titanic, […]

Al igual que ocurre con la vida y el trabajo, con las relaciones familiares y con las parejas, en política la perspectiva contamina el proceder de los actores principales y secundarios. Un mismo acontecimiento puede ser percibido de forma diferente o radicalmente distinta, depende del papel que toque jugar. Quienes protagonizaron la tragedia del Titanic, los espectadores contemporáneos de aquel suceso, y aquellos que décadas después hemos leído sobre lo ocurrido, compartimos perspectiva, coincidimos en la valoración o evaluación, en la dimensión de lo que unánimemente consideramos un drama. Hay otras perspectivas, como la de las langostas que iban en las peceras del transatlántico; para ellas el naufragio fue una bendición, un golpe de suerte, un milagro que lejos de arrebatarles la vida se la devolvió. Entre otras sinrazones, la desafección que los ministros están sembrando en las Islas obedece a que su perspectiva -claramente peleada con la empatía- está a años luz del punto de vista del Gobierno de Canarias o de quienes, gobernando o no, asistimos perplejos a las decisiones que están tomándose en los Ministerios. Aunque la cosa viene de antes, de meses a esta parte se ha evidenciado que la posición de los responsables de Interior, Defensa, Exteriores o Migraciones queda bastante más lejos de los mil ochocientos kilómetros que nos separan de la sala donde se celebran los Consejos de Ministros. Cuestión de óptica y de su escasa capacidad para ponerse en la posición de la gente de las Islas. Qué decir de la perspectiva del ministro de Sanidad, incapaz como fue de entender que si impone las PCR como único salvoconducto para aterrizar en Canarias condena a las Islas a un cero turístico lustral (bueno será que el Gobierno canario permita test alternativos a quienes vuelvan a casa por navidad). El punto de vista del ministro y la posición del Ejecutivo regional han sido agua y aceite. Ya no. La cintura que ha tenido Canarias será recompensada. El martes de la próxima semana a los extranjeros les bastará con el test de antígenos -me consta que está resuelto-. El Gobierno autonómico ha logrado que la perspectiva del ministro de Sanidad abrace la de quienes en las Islas nos echamos las manos a la cabeza con la imposición de la PCR. El problema de estos últimos meses pone de manifiesto una diferencia de enfoque. Mientras los canarios tenemos la perspectiva de los pasajeros del Titanic, en los ministerios tienen la perspectiva de las langostas que iban en las peceras del transatlántico.