el charco hondo

Presente inminente

Ocurre cuando el calor aprieta y el asfalto se calienta mucho más que la atmósfera. Las diferencias de temperaturas generan una ilusión óptica, un espejismo que se traduce en los charcos que vemos sobre la autopista, láminas de agua que parecen estar a pocos metros pero que, como ocurre con los compromisos del Gobierno de España, no terminan de llegar. Suele pasar en las carreteras, en las pistas de despegue del aeropuerto, en el desierto y en los ministerios de Interior, Migraciones, Defensa, Transportes, Turismo, Sanidad o Exteriores, departamentos que, instalados en la inacción elevada a la categoría de zona de confort, cada vez que anuncian soluciones para las próximas semanas nos inyectan un espejismo, un efecto óptico que nos haga ver agua donde solo hay asfalto, acción donde inacción, hechos donde solo palabras o verbos conjugados en un presente inminente que, como los charcos, nunca se alcanza. Un ministro del Interior instalado en ese presente inminente, recurso constantemente utilizado por sus compañeros del Gobierno cuando asoman por Canarias, retrata a alguien que ni está haciendo su trabajo ni parece importarle (dejándome llevar por su trayectoria he defendido durante años a Marlaska, mi decepción es mayúscula). Tampoco él está haciendo su tarea, quién sí. El absentismo del Gobierno de España durante este repunte migratorio —la institucionalización de la inacción, del pasotismo y del presente inminente como refugio o trampa argumental— refuerza la idea de que son los ministros, y no Coalición o el PP, quienes están haciendo la oposición a Ángel Víctor Torres, sometiéndolo al desgaste que no está sufriendo en el Parlamento autonómico. Los socialistas de las Islas no están leyendo correctamente el daño que los suyos, allá, en Madrid, están causándoles. A pie de calle, en bares, charlas informales o conversaciones desordenadas cunde la sensación de que han dejado solos a los canarios porque Pedro Sánchez está a otra cosa y los ministros también, percepción que dibuja una lluvia tan fina como ácida de desafección que pilla a los socialistas de aquí en primera línea de combustión. La inacción no se reconduce con indolencia o resignación, sino con valentía, interrumpiendo la siesta de diputados y senadores para dar forma inmediatamente a la unidad de acción que instituciones, agentes económicos y sociales, grupos parlamentarios, partidos y organizaciones de diferentes ámbitos deben protagonizar, pero ya, mejor en horas que en días. Si adormecidos con el espejismo del charco seguimos esperando por el futuro inminente, el presente nos va a sacar de la carretera.

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