superconfidencial

Que no se te bloquee en la noche

Yo soy obediente con las máquinas. Quiero decir que ahora en los bancos apenas hay personas, sino ordenatas parlantes, que te vuelven loco. Cuando encuentras un alma comprensiva, como tengo yo en Cajasiete en la persona de Maite, subdirectora de la oficina principal, entonces doy gracias al cielo. ¿Saben? Es que uno tiene una edad en la que no le mola hablar con las máquinas; a mí me gustan mucho más las mujeres y más si tienen la calidad humana de Maite Pleguezuelos. El otro día, no sé por qué, se me bloqueó Ruralvía; es decir, la banca por ordenador. Era de madrugada, que es cuando consulto yo estas cosas. No sabía nada de mi paupérrimo saldo, ni qué recibos debía pagar, ni el importe del segundo plazo de la renta, ni si me iba a quedar sin teléfono por no pagarlo. Llamé a un número de Madrid para intentar solucionar el problema, pero no atienden sino de ocho de la mañana a ocho de la noche, así que mi gozo en un pozo. Bajé al cajero de La Caixa que tengo al lado, pero, claro, al ser otro banco, no dispone de la información que yo deseaba. Así que le envié un mail a Maite para que cuando llegara a la oficina tuviera noticias mías (le doy la lata más de lo que yo quisiera). Y me lo solucionó en un periquete. Yo comprendo las dificultades de la banca, comprendo que las máquinas sustituyan a los empleados con un automatismo ejemplar, pero yo creo también que a los bancos los hacen las personas. Y las máquinas jamás podrán sustituir a las personas. Con la edad me he vuelto un poco latoso, lo reconozco. Cuando era joven me extrañaba de las cosas de los viejos y ahora que tengo 73 también me extraño, pero de aquel comportamiento mío tan poco comprensivo.

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