el charco hondo

Bulos

De la misma forma que dos no discuten si uno no quiere -hacen falta dos para que la bronca coja cuerpo-, el bulo solo alcanza la mayoría de edad si reúne a dos actores imprescindibles, burlador y burlado. Quienes se entretienen colando en las redes mentiras con apariencia de verdad (trolas disfrazadas de realidad) no se bastan solos para que su estupidez adquiera existencia. La idiotez del burlador necesita del burlado para que su juego, tan estúpido como inflamable, trascienda y logre el objetivo de confundir, desinformar e incluso herir o difamar. El vicio de articular una falsedad para que se perciba como verdad se mueve en las redes como pez en el agua, los medios electrónicos son a los creadores de bulos lo que la hierba a los herbívoros, la dieta, el hábitat, pero solo materializan su razón de ser si cuentan con colaboradores necesarios al otro lado, tirando del hilo de la cometa. No hay timador sin timado, estafador sin estafado ni bulo sin burlado que se preste. Y es ahí donde toca proponer a quienes leen un bulo que sean un poco más exigentes consigo mismos. Nunca ha sido buena cosa comer sin masticar, pero demasiadas veces se incurre en el error de ingerir bulos sin hacerse las preguntas mínimas imprescindibles, pecando el burlado de ingenuidad o pereza intelectual. Circulamos lo que nos llega sin apenas terminar de leer lo que asoma en la pantalla del móvil, como quien se sacude un plato caliente. Renunciamos a contrastar, aceptando graciosamente la condición de correa de transmisión. Reenviar. Desistimos de darle varias vueltas, ni nos molestamos en poner algo de atención a los detalles, al sinsentido del contenido o a pifias en el continente. Reenviar. Reenviar. Ni nos planteamos que la duda nos detenga, no barajamos la opción de que mueran en nuestro móvil informaciones que no vienen suficientemente avaladas por los cauces oficiales o las autopistas del periodismo, sí, periodismo, porque nunca como ahora ha hecho tanta falta buscar al periodismo en el pajar de las redes. Hay bulos bien construidos. El martes circuló el bulo de que el Gobierno de España ha paralizado el decreto de Canarias sobre los test de antígenos a turistas, bulo trabajado, bulo de diseño, pero bulo porque no tiene ni pies ni cabeza que por inacción -primero- o acción -ahora- el Estado continúe destruyendo empleo en las Islas con decisiones que impiden nuestra reactivación económica. No puede ser verdad que el Consejo de Estado se haya pronunciado en milésimas de segundos sobre el decreto del Gobierno canario, es tan alucinante que parecía un bulo, pero no, es real -increíble, pero cierto-.

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