EL CHARCO HONDO

Día 291

Diario del aislamiento. 31 de marzo. Día 17. La libertad condicional huele a veintiséis de abril, y gracias. Esto va para rato. Hemos llegado al pico, o se le parece, pero no hay terremoto sin réplicas. Otro mundo nos espera ahí fuera. Debemos estar alerta, que nadie aproveche esta situación para seguir manteniéndonos en la […]

Diario del aislamiento. 31 de marzo. Día 17. La libertad condicional huele a veintiséis de abril, y gracias. Esto va para rato. Hemos llegado al pico, o se le parece, pero no hay terremoto sin réplicas. Otro mundo nos espera ahí fuera. Debemos estar alerta, que nadie aproveche esta situación para seguir manteniéndonos en la oscuridad, extendiendo más la indecencia (Emilio Lledó). Futuribles. Mesa para ocho, seremos cuatro. Mascarillas de diseño. Escucho la radio, de fondo. Saldrá bien. Juntos podremos. Resistiremos. Me apunto otras frases recurrentes. Anoto que, quizá, no sé, debemos aparcar los eslóganes para verbalizar la procesión que nos come por dentro. No es bueno atrincherarse en frases hechas. Dosifico la información. Basta con un par de barridos diarios por titulares o enlaces recibidos. Me escriben. Escribo. Retornos. La vida sin nosotros, ahí fuera. Los animales ahora son los putos amos, avanzan con el repliegue de los confinados. Aplausos a las 19:00. La intensidad va por días, como el ánimo. Gente en las azoteas simulando ser peatones, la calle es arriba. Diario del aislamiento. 17 de abril. Día 34. Mi mochila de los viajes lo lleva fatal, quién no. Jamás habíamos acumulado tantas semanas sin patear aeropuertos. Jengibre mejor que café. Alemania reabrirá los colegios de forma escalonada a partir del 4 de mayo, los comercios de hasta 800 metros cuadrados podrán retomar la actividad. Islandia empezó a hacer test masivos treinta días antes del primer caso confirmado. Ahí fuera los países lógicos tienen un plan. España tiene un protocolo de salvamento y socorrismo, pero no tiene plan. Diario del aislamiento. 30 de diciembre. Día 291. Reabro. Recupero frases sueltas del diario que escribí durante el confinamiento, allá por marzo o abril. Rescatar lo que hemos sentido ayuda a dimensionar lo vivido en el año más raro, a valorar lo recuperado, y lo perdido. La anormalidad morirá matando. 2021 tendrá un guión de película taquillera, la comienzo con final feliz. No pidamos milagros al año entrante, quedan curvas. El virus se resistirá, pero la vacuna terminará domesticándolo -conviviremos con él, de otra forma-. Creímos que la pandemia era cosa de otros, de lejos. Nos equivocamos. La soberbia nos ha pasado una factura brutal. Algo habremos aprendido. O no; olvidaremos pronto, los errores de la normalidad recuperarán su espacio. Pongo la radio. Apago la radio. En 2021 reabriré este diario algunos días, por qué no. Adiós, 2020. No te culpo. Pasabas por aquí, te tocó.