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En manos de un loco

Si hago caso al libro de Bob Woodward, director asociado de The Washington Post, Rabia, hemos estado cuatro años en manos de un loco como Donald Trump. Asusta que los ciudadanos americanos voten a un personaje como este y que los ciudadanos españoles voten a otra gente sin formación, sin discurso, con ideas antediluvianas, populistas e ignorantes. Pero así de mal está el mundo. Si nosotros, como es evidente, hemos tenido mala suerte, imaginen la que ha tenido la nación más poderosa del mundo. En España, desde Felipe González y Aznar no han existido presidentes con talento, verdaderos estadistas que fueron capaces de gobernar al menos con luces y sombras, no sólo con sombras. España es el último país de Europa, en el que más se pagan impuestos, al que menos se le tiene en cuenta en los organismos internacionales; un país de ladrones al que ya nadie cita, ni aporta al común una iniciativa válida. Ni una sola. Además, tenemos la mala suerte de ser frontera sur, con todas las desventajas que ello comporta. Este es el segundo libro de Woodward sobre Trump en la Casa Blanca y da miedo estar en manos de este déspota, iletrado e impulsivo personaje. Escucho en este periódico (versión digital) las opiniones de María Rozman, que es experta en política norteamericana. Y por ella tengo referencias de lo que son capaces Trump y otros personajes, reunidos en torno a algo tan miserable como el Tea Party y otros movimientos disfrazados de ultra liberales, pero que son más político-religiosos que otra cosa. Yo quiero a los Estados Unidos, soy su primer fan. Pero no de gente como el gigante rubio, que movía a sus peones igual exactamente que Hugo Chávez, sólo que en vez de un discurso -Aló, presidente- Trump utilizaba Twitter. Si fuera americano votaría a los demócratas, o quizá a un independiente, pero jamás a un suicida.

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