el charco hondo

Plan B

En Murcia, Logroño o Vigo, y en Tenerife, la gente llena estas semanas los centros comerciales. En Barcelona, Sevilla, Madrid o Bilbao, y en Tenerife, las calles peatonales están especialmente concurridas en estas fechas. En las terrazas de Málaga, Valencia, Las Palmas o Santander, y en Tenerife, las mesas de bares, cafeterías o restaurantes son ocupadas por convivientes y no convivientes. En Alcantarilla o San Sebastián de los Reyes, y en Tenerife, los vecinos se ponen la mascarilla igual de bien o mal, se limpian las manos mucho y poco, quedan a hurtadillas en casa de los colegas, bajan la guardia, se saltan la distancia aconsejable y se reúnen con familiares y amigos en los domicilios. En todas partes se hacen las cosas tan bien, regular o mal como en esta Isla, así que habrá que buscar en otros factores, elementos o actuaciones algo que pueda explicar mínimamente por qué en Tenerife la incidencia de los contagios es mayor. No intentemos dar con las respuestas en los hábitos o pecados que compartimos con otras ciudades, islas o provincias, busquémoslas en lo diferente, en lo que se está haciendo distinto. ¿Cuánto se han reforzado los recursos en estas últimas semanas de incidencia significativamente superior a la de las restantes Islas?, ¿cuántos rastreadores tiene la Isla, y cuántos tienen en las otras?, ¿se ha incrementado la presencia, coordinación y presión de los distintos cuerpos y fuerzas de seguridad?, ¿las sanciones se han endurecido?, ¿se han articulado los mecanismos disuasorios?. La respuesta a éstas y otras cuestiones conducen a la conclusión de que el plan B -así definido en nuestro editorial de ayer- no pasa por confinarnos, ni por prohibir con más ligereza que fundamento. El plan B debe consistir en hacer funcionar el plan A, mejorar lo que ya se está haciendo para no tener que sepultar a miles de pequeñas y medianas empresas (comercio, restauración, servicios y tantas otras) para las que no habrá vacuna si en vez de hacer las cosas bien se opta por quedar bien decretando confinamientos parciales, una medida que solo cabría si previamente se han agotado, pero de verdad, los planes A y B. El problema está localizado en domicilios y espacios no reglados. Los reglados no están dando problemas. Actúese en consecuencia regulando lo que no está suficientemente regulado o, en su caso, estableciendo aforos limitados donde no se estén exigiendo. Saltar del plan A al C (confinarnos) sin antes articular, decretar, aprobar y ejecutar un plan B sería poner a decenas de miles de empleos frente a un pelotón de fusilamiento.

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