despuÉs del paréntesis

Velos, vaqueros, ‘top-less’

Lo descubrí en Morro Jable, Fuerteventura; observar a mujeres en esta parte del mundo que pasean con velos y tapujos cual si lo hicieran por las calles de los sórdidos países a los que se las obliga a pertenecer a pesar de…. Lo chocante es que los chicos con los que las vemos andar visten vaqueros, camisas, zapatos y cinturones al estilo occidental. ¿Por qué ellos pueden exhibir esos componentes y ellas no?

Es absurdo creer que ese componente desproporcionado se aplica solo por la presión de los dioses. La religión es un invento de los hombres, y, en este caso, el varón no solo impone, sino que lo observamos enhiesto en esa posición. Ellos deciden, deciden ocultar a sus otras; por el miedo a la capacidad de elegir y decidir. Por eso, el primero de los pasos a fin de someter es hacer que las chicas no se manifiesten; tapar no por decisión propia, sino porque se las castiga. Y hace que el afán por resistirse de las mujeres se borre, por el pánico a ofender e incluso por el pavor a morir. Si el cuerpo propio forma parte de la entidad satisfecha, el no exponerse tal como se es o como se desea forma parte de la represión. Cubrir es el signo, cual nos mostró el aturdido y sanguinario visir de Las 1.000 y 1 noches.

Hasta aquí los otros. ¿Y los nuestros? Aquí se sitúa el asunto en su lugar. Fácil es ver en la playa a hombres con pantalones de baño por encima de las rodillas y a sus parejas con las bragas del bikini. ¿Qué se ha ganado? La capacidad de decidir, cierto. No hay comparación. Mas, ¿los hombres de esta parte del mundo le hemos concedido a las mujeres el lugar que por sí se merecen? ¿Aceptamos que ellas elijan como les pertenece elegir?

Mujeres con velo e individuos con pantalones vaqueros; los nuestros, shorts por las rodillas y ellas top-less. Libertad sobre el cuerpo, ¿es toda la libertad? No solo se duda, sino que la duda se prueba: no igualdad de reconocimiento, no igualdad por capacidad y responsabilidad… Si listas paritarias, presidente macho, etcétera, etcétera. ¿Por qué? Porque para la inmensa mayoría de los hombres en posición de decidir la igualdad de la mujer es un disgusto temporal, una gripe que ha de curarse. La mujer en su casa y el hombre en el mundo. Esa es la consigna extendida. Las normas que nos hemos concedido de ese modo lo aseguran.
Unas con turbante, otras con…

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