el charco hondo

Gimnasios

Quienes, epidemiólogos o no, periódicamente deciden qué actividades o hábitos deben ser sacrificados para bajar la curva de contagios, deben saber, o recordar, que infinidad de investigaciones coinciden en que el ejercicio multiplica hormonas que irrumpen en el cerebro sembrando a su paso bienestar. La realización de ejercicio físico, de distintas intensidades, funciona como antidepresivo […]

Quienes, epidemiólogos o no, periódicamente deciden qué actividades o hábitos deben ser sacrificados para bajar la curva de contagios, deben saber, o recordar, que infinidad de investigaciones coinciden en que el ejercicio multiplica hormonas que irrumpen en el cerebro sembrando a su paso bienestar. La realización de ejercicio físico, de distintas intensidades, funciona como antidepresivo y mejora la calidad de vida; cualquier práctica deportiva ayuda a reforzar el sistema inmunológico y cardiovascular, tonifica músculos o articulaciones y, elevando el ejercicio a la categoría de actividad esencial para plantar cara a los desgarros emocionales, laborales, afectivos y mentales de la pandemia, el deporte —en los gimnasios, por ejemplo— mejora considerablemente el estado de ánimo. Científicos o no, quienes cada siete o catorce días actualizan los términos de nuestra libertad condicional deben comprender, y decretar, que las mascarillas, el sentido común, los geles hidroalcohólicos y el deporte son herramientas imprescindibles para sobrevivir a la situación más estresante que colectivamente hayamos sufrido. La pandemia no se conforma con llenarnos los días de muertos, hospitalizados o contagiados, tampoco se limita a destruir empleos o cerrar empresas. Poco o nada está hablándose sobre las cicatrices mentales que estos meses están dejándonos en herencia, de las heridas que abren en la salud mental de muchísima gente. El destrozo que los confinamientos totales, parciales o intermitentes está causando en los estados de ánimo no sale en los informativos, no es asunto, y así se explica que no se dimensione adecuadamente el papel del deporte, la importancia que tiene la actividad física en momentos como éste. El consumo contribuye a evitar miles de despidos, bienvenido sea, pero cerrar los gimnasios con la gente invadiendo las grandes superficies está reñido con la proporcionalidad que deben garantizar las restricciones. Es demostrable que el aforo de los centros comerciales quedaría reducido, espectacularmente, además, si aplicaran las medidas exigidas a los espacios cerrados que garantizan los gimnasios. Entre otras cosas, los gimnasios son centros de salud mental, factorías de estados de ánimo, mascarillas que evitan la propagación de la tristeza, geles contra el desánimo o la depresión. Cuando actualicen la batería de restricciones deben tenerlo en cuenta. Los gimnasios hacen más daño cerrados que abiertos. Ábranlos.