despuÉs del paréntesis

Mentiras

Concurre el desencanto, eso que el padre Las Casas en su grande historia ajustó, que un mentiroso le robó el grande mérito al impar Colón de ser el descubridor de lo que se llamó Indias. En el año 1507 se cambió la denominación. De donde no Colombia sino América, gracias a un florentino de nombre (en español) Américo Vespucio.

Cuatro siglos de historia contra el impúdico que no se dio a razón sino a engaño. Porque, en efecto, hacia el año 1507 los sabios de Saint-Dié se dieron en reeditar el Imago Mundi del gran D’Ailly, ahora con datos nuevos que los hombres conocen. Cuatro cartas, cuatro viajes. Allí el gran prócer del moderno: Amerigo Vespucci.

Con el real a cuestas, dos marchas reales, dos inventadas. Y lo que Vespuci fijó en letra, se puede leer; cierto, la dicha mentira.

¿Qué queda? Colón, aparte de estudiar hasta el extremo el Imago Mundi y el Libro de las maravillas, de Marco Polo, siguió las enseñanzas del supremo geógrafo (otro florentino) Paolo dal Pozzo Toscanelli. Con él, las medidas que el sabio le dio al planeta. La Escuela Matemática de Portugal sabía que ese cálculo era erróneo. Por eso, el rey correspondiente le negó a Colón la financiación para el viaje. Es decir, por la superficie supuesta, América no cabía donde se encuentra América; por las distancias señaladas, Colón estaba en Indias. Y por eso el genovés persistió.

¿Qué sentido alumbra a la cuestión Vespucio? En lo personal era un verdadero mediocre; toda su vida al amparo, como simple contable, de los negocios de los Medici. Por ser un hombre honrado fue enviado a Sevilla a servir al agente de los poderosos de Florencia. El magno murió. Vespucio, con cincuenta años, no sabía dirigir el negocio o no tenía haberes para intentarlo. Pobre y solo. Mas en Sevilla la aventura: el otro mundo. Lo logró. Primer viaje. De regreso, igual. Hasta que los portugueses lo comprometieron con dos partidas hacia lo que hoy es Brasil. De vuelta tuvo temple para instalarse como funcionario de la corona con sueldo, por lo menos, apreciable.

Nada de genio, se dirá. Innegable. Mas, ¿qué ocurrió? El tercer viaje y, como de costumbre, carta sobre su experiencia al reputado Medici. La carta se conoció. Cuatro páginas traducidas al latín que recorrieron el orbe: Mundus Novus. Eso sucedió. Frente a Colón, Amerigo Vespucci vio y confirmó lo nunca visto hasta entonces, lo jamás contemplado. Él fue el primero, el que ratificó en papel lo que descubrió. Y eso es un mérito, un mérito en valor.

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