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No fue una investidura

Al final, Donald Trump cumplió lo que había anunciado y no asistió a la jura y toma de posesión de su sucesor, el demócrata Joe Biden. Continuó así sumando rupturas de la tradición y de los antecedentes en la historia de los presidentes norteamericanos, porque el último presidente en hacer lo mismo fue Andrew Johnson, que el 4 de marzo de 1869 (entonces el acto se celebraba en esa fecha y no el 20 de enero) no asistió a la jura de su sucesor, el republicano Ulysses S. Grant. Johnson había promovido la carrera militar de Grant hasta nombrarlo comandante general del Ejército, pero después se había distanciado políticamente de él, inmersos los dos en el ambiente crispado de la postguerra civil. No obstante, el final de la presidencia de Trump fue más digno de lo que se temía: en la mañana del 20 de enero fue despedido en la base aérea de Andrews, en el Estado de Maryland pero en los suburbios de Washington, con salvas de cañón al acceder a uno de los dos aviones Boeing con el distintivo Air Force One cuando el presidente está a bordo, que sirven de medio de transporte oficial al presidente de los Estados Unidos y que tienen en esa base aérea su base de operaciones. Era su último viaje como presidente y se dirigía a su residencia del Estado de Florida. A pesar de todo, antes sí había cumplido con dos tradiciones presidenciales: la nefasta tradición de firmar los últimos días de su presidencia indultos de delitos de contenido político de amigos y colaboradores, una práctica seguida por demócratas y republicanos, y la otra de dejar sobre la mesa del Despacho Oval, el despacho presidencial en la Casa Blanca, una carta para su sucesor.
El jueves pasado recordábamos que los constituyentes norteamericanos se inspiraron en el rey británico, entonces Jorge III, al diseñar la figura del presidente en la Constitución. Y de ahí su obsesión, por ejemplo, por asegurar que el presidente norteamericano tiene que haber nacido en los Estados Unidos y residido en ellos un tiempo. Pero la paradoja histórica es que precisamente en esos momentos estaba cambiando sustancialmente el papel político de la Corona británica, el primer ministro cada vez gobernaba más en la práctica, y se estaba configurando la monarquía parlamentaria que hoy conocemos. Mientras tanto, el presidente norteamericano, como jefe del Estado y presidente del Gobierno, quedó revestido de unos poderes tan extraordinarios que le permiten tomar la decisión de responder, en un plazo máximo que los actuales protocolos establecen en media hora, a un ataque nuclear contra los Estados Unidos. Son los maletines con las claves de lanzamiento de los cohetes intercontinentales con carga nuclear, que siempre acompañan al presidente y que tanto preocupaba a Nancy Pelosi que estuvieran en manos de Trump.
El juramento y toma de posesión de su cargo por Joe Biden ha sido calificado erróneamente de investidura por políticos y periodistas (que llaman moción de confianza a la cuestión de confianza y pirómanos a los incendiarios -la piromanía es una enfermedad mental-). La investidura es una institución que permite al Parlamento elegir a un presidente del Gobierno, mientras el presidente norteamericano –jefe del Estado y presidente del Gobierno- es elegido directamente por el pueblo.

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