el charco hondo

El tóxico

Compulsivo, el tóxico clava sus ojos con ansiedad en la pantalla del móvil, cuando deja de mirarla al poco reabre aplicaciones, diarios digitales y mensajes, no sea que en los últimos doce segundos haya entrado algún vídeo denuncia o enlace que lo lleve a un titular tenebroso, torcido. El tóxico se alimenta de noticias que conduzcan al desaliento, el reproche social o la negatividad. Colecciona acontecimientos reprobables, datos que empeoren las estadísticas o cualquier elemento que justifique, dé cobertura y contexto a comentarios inquietantes, incluso inquisidores. El tóxico siempre augura a peor y ronronea problemas como quien mastica chicles con la boca abierta. Ya lo dije. Verás. Se veía venir. Así nos va. Qué vergüenza. Tenemos lo que nos merecemos o, dando un paso más, nos merecemos lo que está pasando. Incansable, el tóxico no es que reenvíe imágenes de gente incumpliendo las restricciones, las escupe y riega por aspersión. Se conforma con lo mínimo, a él cualquier material le vale para sembrar pesimismo, de ahí que sea capaz de inundar las redes con la imagen de dos gatos con la mascarilla mal colocada. Reenviar. Enviar. Reenviar. Enviar. Tiene la tecla gastada de tanto pulsarla. Los enlaces que conducen a titulares deprimentes son su plato favorito, y las crónicas de irresponsables (los lunes, sobre todo) su vicio. Así se entiende que el tóxico lleve algunos días algo descolocado por la acumulación de algunas buenas noticias. Nervioso, no sabe qué hacer con ellas. En ningún caso reenviarlas, no está en su naturaleza compartir o provocar optimismo. Cuando la pantalla le cuenta que Alemania ha sacado a España de su lista de zonas de alto riesgo el tóxico se bloquea, entra en pánico, colapsa. Al leer que se disparan las reservas de los británicos, o que nuestro país sale del riesgo extremo por contagios, el tóxico no sabe qué hacer con el botón de reenviar, lo evita, deja que los enlaces mueran en su móvil, abandona su condición de correa de transmisión o propagador de malos humos. Buenas noticias. Lagarto. Lagarto. Él no está para generar sonrisas, no es lo suyo. Estas últimas cuarenta y ocho horas no han sido de fácil gestión, el ayuno de vídeos sumarísimos lo tiene desorientado, ponerse a dieta de enlaces envenenados es su peor plan. Son días raros para el tóxico, horas extrañas en las que apenas tiene munición para repartir. No es que sean malas personas, no. Son personas adictas a las vibraciones malas, sí. Gente tóxica de la que solo sabes cuando reaparecen para incrustarte rollos malos, inquietantes, chungos.

TE RECOMENDAMOS