el charco hondo

Génova, 14

En política, como en los afectos o el oficio, de los contratiempos se sale aprendiendo o desaprendiendo, repensándose, rehaciendo las recetas que funcionaron en un contexto que dejó de existir, sí, pero sin dejar de ser y, sobre todo, sin avergonzarse de haber sido. El PP, sin ir más lejos. Este PP, según Casado. El PP de ahora, según el argumentario en curso. Pueden los populares traducir lo ocurrido en Cataluña de forma bastante diferente. A ojos del PP lo de las catalanas se escribe y pronuncia Vox; pero no porque lo que les pasó el pasado domingo pueda importarse a la escena general, no, sino porque abre a los populares la oportunidad de aprender desaprendiendo, tomar nota, aclararse. Es posible que caigan en el error de sobreponerse a Vox parodiándolo, conformándose con la condición de sucedáneo. O, si lo leen correctamente, pueden iniciar un regreso desacomplejado, convencido y sin intermitencias al centro sociológico. La debilidad de este PP es que se avergüenza de ser PP, y al renegar de sí mismo deja de ser un partido reconocible, confunde a sus habituales, desconcierta a los posibles y molesta a quienes se confiesan del PP de toda la vida. Casado debe aclararse. Tiene que sacudirse sus problemas de personalidad para recuperarla, debe decidir qué quiere ser, consolidar un perfil, un espacio, un discurso. El PP debe preguntarse por qué a Sánchez le va de lujo con éste PP, con el PP de ahora, y responderse que no tiene ni pies ni cabeza situar al Gobierno en la izquierda extrema si no es para intentar la reconquista del centro, un camino que este PP, el PP de ahora, no ha iniciado porque le da vértigo dejar solo a Vox con la derecha más derecha. Casado está tardando en darse cuenta de que su indecisión está haciéndole el trabajo a Sánchez y Abascal, dejando un vacío entre ambos que el PP no llena cuando juega a la indefinición que enterró a Albert Rivera. Casado peca de practicar el riverismo, esa ubicuidad que pretende beber de muchos discursos sin estar realmente en ninguno. Casado debe leer o releer a Churchill, y apuntarse en algún papelito que cuando se abre una disputa entre pasado y presente se acaba perdiendo el futuro. Este PP, el PP de ahora, debe dejar de avergonzarse de ser el partido que fue y volver a ser reconocible. Solo así los afines, convencidos o recuperables volverán a la casa madre, a la alternativa de gobierno que el PP debe seguir siendo. Cataluña no es España, pero bien podrían tomar nota para aprender desaprendiendo.

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