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La diferencia entre Merkel y Zapatero

Cuando Angela Merkel viene a pasar unos días a La Gomera la acompañan una secretaria y cuatro policías, además de su marido. Merkel es una estadista mundial, una líder nata, una mujer de una talla inalcanzable para la mayoría de los políticos que en el mundo son. El otro día vino Zapatero. Creo que dijo tres o cuatro disparates en el Parlamento de Canarias, que le invitó, y se fue. Pero su visita supuso un despliegue de la Policía Nacional y de la Guardia Civil absurdo, con un costo mucho más absurdo. Además, Bambi alteró con su tontorrona presencia el normal funcionamiento del aeropuerto de Los Rodeos y fueron tomadas medidas de seguridad que molestaron a los pasajeros. Cuando viene Merkel no molesta a nadie, es una persona discreta, tan discreta como el presidente de Finlandia, por ejemplo, que viaja en avión de línea regular en compañía de una persona de escolta y de un secretario o secretaria. Todavía no sé para qué invitó a Zapatero el Parlamento de Canarias. Zapatero no tuvo nada que decir cuando era presidente y ahora menos. Se trajo su escolta de Madrid y aquí se le agregaron dos o tres “secretas”, más una tropa de uniforme. ¿Quién paga ese despliegue? Usted, yo, el otro. Todos. En vez de meterse con el emérito de una manera despiadada (incluso los analfabetos funcionales de Sálvame lo tienen masacrado), podrían los plumillas poner el acento informativo en el dispendio tradicional socialista, aunque afortunadamente haya miembros de este partido que merecen el respeto de todo el mundo por su coherencia y austeridad. No es el caso del peor -con el actual- presidente de la democracia española. Un señor que no hizo nada por su país y que ahora mete su enorme zapatón en la entrañable Venezuela, apoyando absurdamente las tropelías del chavismo a cambio de nadie sabe qué. Bueno, yo sí lo sé.

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