el charco hondo

Las ciudades del después

La calle que este virus nos ha negado (replegándonos, con límites horarios o encogiéndonos la movilidad) vamos a recuperarla con intereses. Las ciudades tienen una oportunidad inédita, puede que irrepetible, una ocasión -sin precedentes- para repensar los espacios abiertos, darles un revolcón, atreverse con soluciones a las que la pandemia ha abierto las puertas, fórmulas que no eran posibles antes de la flexibilidad y los permisos exprés a los que han obligado el cierre de bares, cafeterías y restaurantes, gimnasios u otros interiores. Ahora o nunca. Es el momento, mejor pronto que tarde. El virus ha revalorizado la vida en abierto, y no es algo transitorio, porque la vida al aire libre será percibida durante muchísimos años como una opción más segura, capaz de ofrecer algo más de tranquilidad. No saldremos mejores, pero sí más hipocondriacos; de ahí que las propuestas en espacios abiertos coticen al alza. No ha quedado otra que apartar aparcamientos y tráfico para hacer hueco a mesas o parasoles, a separadores, a jardinería, y lo cierto es que solo la pandemia ha hecho posible tal milagro político y administrativo. Se ha demostrado que era posible echarse a la calle, sacarle más jugo. Tienen los ayuntamientos la oportunidad de consolidar esa conquista facilitando que los metros cuadrados ganados a los coches no vuelvan a perderse, impulsando soluciones estéticas que mejorarían las ciudades en continente y contenido, presentación, nudo y desenlace. Los cambios en el uso del espacio público, durante o después del confinamiento, deben aprovecharse para rediseñar las ciudades. Las alternativas a las que nos ha forzado el COVID deben ser el detonante que abra las vías públicas a transformaciones antes impensables, a la revolución de los espacios abiertos. El miedo a las multitudes, la distancia social o el teletrabajo ha cambiado nuestra forma de relacionarnos con la ciudad; volveremos a parecernos a quienes éramos, pero algunos hábitos o preferencias quedarán sembrados en nuestras decisiones. La gestión de la densidad sube al escenario del debate sobre la ciudad que querremos cuando esta pandemia sea domesticada; ésta la acorralaremos, pero continuaremos abiertos a las crisis epidemiológicas del futuro. Los ayuntamientos tienen que atreverse, no pueden desaprovechar esta oportunidad, no deben perder el tren de la revolución de los espacios abiertos que las restricciones provocadas por el virus han servido en bandeja. Volvamos a la calle; pero multiplicándola, mejorándola.

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