el charco hondo

El reloj

La experiencia de cada cual con el tiempo depende de cómo se sienta en un contexto espacio temporal. En función de cómo se sucedan los acontecimientos el reloj avanza rápido o despacio, cabalga o arrastra, rueda a favor o en contra. El tiempo no suele dejarse domesticar, tampoco en política, ámbito donde los saltos cuánticos (la transición entre un estado de energía y el siguiente) son constantes. Sin embargo, hay coyunturas en las que los elementos se alinean para que el reloj juegue al pie; por ejemplo, de Ángel Víctor Torres. Al presidente le ha caído una maldición bíblica en estos dos primeros años de legislatura. Rayos, incendios, pandemia y truenos lo han tenido nadando contra los elementos, pero las manecillas están de su parte. La experiencia con su tiempo ha sido turbulenta, le ha tocado lidiar con un contexto endiablado, pero el presidente huele que el reloj le sonríe. Las urgencias que se le han acumulado desde la investidura, inéditas, han sido tan extremas como inminente la resurrección que podrá gestionar durante los dos años que conducen a las siguientes urnas. Las agujas del reloj dejarán de soplarle a la contra. Las vacunas que nos sacarán del hoyo abrirán un tiempo diferente que Ángel Víctor Torres podrá protagonizar, y capitalizar; lo sabe el presidente, lo intuye la oposición. En apenas unos meses las vacunas nos rescatarán de este cero económico de larga duración. Tan lenta como imparablemente iremos recuperando la libertad que la pandemia nos arrebató, la cadena de producción volverá a rodar, los aviones a volar, las empresas a respirar, los turistas a aterrizar, los despedidos a trabajar; muchos habrán quedado en el camino, pero la resurrección -económica, laboral y anímica- será una realidad antes de volver a las urnas autonómicas. Torres, trabajador y empático, será el presidente durante la posguerra. El reloj lo premiará, pero antes necesita ganarse la complicidad del tiempo (una flecha que apunta al futuro, según los físicos) sellando algunas bocas de agua. Con un puñado de ministros haciéndole la oposición, algunas piezas de su reloj están desgastándolo. La bomba de relojería que incuba la gestión migratoria, la indolencia de algunos consejeros, las heridas de los sectores que se sienten especialmente sacrificados, la fatiga, los episodios de indecisión o la lentitud en la articulación de algunas soluciones, dibujan piezas que el presidente necesita ajustar para que no le oxiden el reloj. En el debate parlamentario que arranca hoy debe ganarse la complicidad de un tiempo -el suyo- que le sonreirá electoralmente si logra reconducir esas debilidades.

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