el charco hondo

El veneno

El sonido del veneno se mueve en la frecuencia de los delfines, apenas se percibe a oídos del relato oficial. Nunca se deja escuchar en los actos solemnes ni en las conversaciones públicas, porque el veneno baja la voz, modula. Procura no llamar la atención, se mueve mejor cuando está entre iguales. Si se sabe escuchado por otros (y por otras, especialmente) prefiere replegarse, no sea qué, no vaya a ser qué. El veneno que combatimos se mueve en el subsuelo de la realidad, contaminándola. La realidad real de este país, la caspa que los eslóganes silencian, son los chistes, latiguillos y tópicos que siguen floreciendo en bares, oficinas y recintos deportivos, o en una retransmisión de los premios Goya. Un micrófono abierto ha puesto a la realidad en su siglo. El veneno de quienes hablaban no sabiéndose escuchados situó al país delante del espejo, y la imagen que éste devolvió fue la de una sociedad de dos velocidades, la oficial y la real, la institucional y la de un país todavía soez, agresivo y cutre, machista. Cuando las actrices cruzaban por delante, estos tipos dieron al país un baño de realidad. Ésta cobra, pero puta, puta, seguro -vomitaban, sin saberse escuchados-. El veneno pesa más que las leyes, manteniéndonos bastantes pasos por detrás de lo que cuentan o hacen los legisladores. Se ha avanzado, pero continuamos arrastrando el país que se coló en la retransmisión. No hemos logrado soltar el lastre de la sociedad en blanco y negro, el macho, la caspa, la desigualdad o las injusticias que se suceden a la luz o bajo tierra. La realidad convive con estúpidos como los del incidente, bárbaros que dan voz al dialecto del subsuelo, al lenguaje que repta en el cuarto trastero, desmontando con su pequeñez al espejismo de modernidad que creemos protagonizar. Valga el veneno de dos cafres que no han aprendido nada, individuos que huyen de su pequeñez hablando con el pene, para darnos un baño de realidad. Este país no ha logrado sacudirse su pasado más imperfecto, esta brecha que aleja el sonido del suelo y del subsuelo, lo que se dice cuando se nos escucha o lo que se vomita cuando elementos como los de los Goya no se saben escuchados. El veneno sigue ahí, coleando. Quienes cuando miran alrededor solo ven putas (carne de pago, a sus ojos) nos recuerdan que seguimos a años luz de la sociedad a la que aspiramos otra inmensa mayoría. Los tipejos de la gala del cine han abierto los ojos a quienes creían que hemos dejado atrás el país que fuimos.

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