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La idiotez se ha instalado en España

El alcalde de Palma, del PSOE, y sus socios podemitas han decidido que los almirantes Gravina y Churruca, héroes de la batalla de Trafalgar, ocurrida en 1805, eran franquistas. También el almirante Cervera, que luchó -y perdió- en la guerra de Cuba de 1898, el penúltimo gran desastre español –el último ocurrió en 1958 en Sidi Ifni y en los años sucesivos hasta la Marcha Verde del moro-. Han decidido el alcalde, cuya idiotez se le supone, y sus valientes socios chuetas, retirar sus nombres de tres calles de Palma. Y el de don Juan March, que sí era franquista y que ayudó en el golpe de estado del pequeño general de un solo huevo (pero grande). Los podemitas, los sociatas y otros genios de la cordura también quieren derribar la estatua santacrucera de Franco, encargada a Juan de Ávalos por el poncio de entonces, Juan Pablos Abril, un tipo muy pesado de Cáceres, y costeada por suscripción popular. Yo asistí vestido de flecha, o de no sé qué, a la inauguración. Y recuerdo que aplaudí mucho, como toda la multitud. Bermúdez lo tiene fácil. Que abra un expediente en el que diga que el tipo de arriba, el de la espada, es Pedro Sánchez. Y el de abajo, Pablo Iglesias, añadiéndole una coleta de bronce. Y que el querubín es el ángel exterminador de la derechona fascista. Así dejan el monumento en su sitio, ponen a funcionar la fuente y se bañan en ella por Navidad los concejales, a algunos de los cuales buena falta les hace. Y ya está, coño; de ese modo se deja a la historia sin heridas, o sea engañándola, como están acostumbrados a hacer. Porque si vamos a imitar al idiota del alcalde de Palma -así lo ha llamado, con acierto, Pérez Reverte- malo. Este tiene que ser un monumento a la concordia. O a Pérez Minik.

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