conversaciones en los limoneros

Lucas Díaz Díaz: “El ego no vende, hay que hacerlo todo desde la sencillez y la humildad”

Tiene que ser interesante la vida de un hombre que, antes de la pandemia, vendía 15.000 tartas al mes; ahora “sólo” 10.000
LIMONEROS LUCAS DÍAZ DÍAZ
LIMONEROS LUCAS DÍAZ DÍAZ
Foto: Fran Pallero

Tiene que ser interesante la vida de un hombre que, antes de la pandemia, vendía 15.000 tartas al mes; ahora “sólo” 10.000. Se trata de Lucas Díaz Díaz (El Sobradillo, 1951), copropietario de La Tartería, con 14 establecimientos en la Isla de Tenerife: 6 en el Sur, 5 en Santa Cruz y 3 en el Norte. 90 empleados están a su cargo; de ellos, 75 son mujeres y, de todos ellos, 17 son reconocidos pasteleros y pasteleras. De entrada me regala una sabrosa tarta de chocolate con mi foto y con la reproducción de la edición del periódico del mismo día que le hago la entrevista en Los Limoneros. Yo no lo conocía, pero en el restaurante sí lo conocía todo el mundo. Pertenece a la cuarta generación familiar de panaderos -porque también fabrica pan, y muy bueno- y ahora ha incursionado en el mundo del helado. Pruebo uno de limón y otro de gofio. La verdad, deliciosos. Lucas es un hombre que habla bajito y poco, así que si algo pongo aquí que no le guste, que no me eche la culpa; puede que no le haya escuchado bien. Fundó también Horno de Pan, “que ahora pertenece a Domingo González”, me dice. Ah, me olvidaba: después de casarse (tiene mujer, cuatro hijos y nueve nietos) terminó la carrera de profesor de EGB. “Porque mis suegros eso de que su yerno fuera sólo panadero, como que no lo asimilaban muy bien; pero nada más ejercí un par de meses. No era lo mío”.

-¿Es verdad lo de tu récord? Una tarta para 10.000 personas.
“Sí, la ofrecimos en la avenida de Anaga, en Santa Cruz. Y gratis, para todo el mundo. Medía 3 por 11 metros, hecha de merengue y crema pastelera. La gente se volvió loca”.

-Tienes fama de persona generosa. ¿Te sobró algo de esa tarta?
“Qué va, se la mandaron toda. Y en cuanto a que yo sea una persona solidaria o generosa, puede ser, pero no me gustan los abusos. No me gusta que me pidan por pedir. La beneficencia debe estar a cargo del Estado. Para eso pagamos impuestos, que además son desorbitados en este país. Yo ayudo lo que puedo, pero he aprendido a ser racional porque mucha gente se ha aprovechado”.

-¿Por qué vendiste miles de roscones de Reyes a un euro, un 6 de enero?
“Tenía un excedente y se me ocurrió esa promoción. Se formaron grandes colas desde el día anterior. No me explico cómo una persona con dos dedos de frente puede pasar una noche al raso para comprar un roscón, pero así ocurrió. Hay cosas inexplicables. Se agotaron, claro”.

-¿Cuál es el producto que más se vende?
“La tarta de Ferrero Rocher. La materia prima se la compro a la casa madre, en Italia. Nosotros hacemos el resto. Es la más celebrada. Ya la probarás, la que te he traído es de ese sabor”.

-¿Qué pasa con los diabéticos?
“Una vez intenté hacer dulces para diabéticos, y tartas, pero no salían. Debe ser que los diabéticos quieren echarse fuera del tiesto de vez en cuando”.

-Cuentan que tu pan es una bendición del cielo.
“Es bueno, sí, o al menos esto dice la gente. Estamos montando una planta de 10.000 metros cuadrados en la dársena pesquera de Santa Cruz para producir pan para nuestros clientes”.

-¿Tienes más aficiones, además de hacer tartas?
“Mi madre vive y, antes de ingresar en un centro, porque necesita de muchos cuidados, iba con ella al fútbol y se escuchaba en la grada su opinión. Era una entendida. Ya la vacunaron, tiene 92 años. Mi afición, sí, es el fútbol. Pero fueron mis padres quienes me metieron en la cabeza el negocio del pan. Lo de las tartas y los dulces vino después”.

-¿Tu familia participa en el negocio?
“Sí, todos mis hijos y dos yernos, uno mexicano y otro canario, trabajan conmigo”.

-Me han contado que manejas tú mismo las redes sociales.
“Y te han dicho bien, porque tengo 36.000 seguidores en Facebook y lo llevo yo personalmente. Me parece un mundo apasionante”.

-¿Cuándo nacieron las tarterías?
“Hace unos 10 años y llevo 25 años sirviendo pan al grupo Jesumán, porque las tartas sólo las vendo una a una y al público que acude a las tiendas. Y, la verdad, llegar a vender 15.000 mensuales, eso sí, antes de la pandemia, era un récord difícil de batir”.

-¿Y un día de Reyes, cuántos roscones puedes vender?
“Este año creo que fueron unos 10.000”.

-Patrocinas equipos de fútbol, ¿no?
“Echo una mano al Granadilla femenino. También contraté a Las K-Narias para promocionar la empresa y a dos cómicos isleños. Hago lo que puedo y procuro utilizar para las promociones a gente de aquí”.

LIMONEROS LUCAS DÍAZ DÍAZ
Foto: Fran Pallero

-Pareces una persona humilde…
“Es que el ego no da dinero, hay que ser sencillo y comprensivo, sí, lo que tú dices, humilde, y yo procuro estar a la altura”.

-¿Cuánta harina para tanto pan, Lucas?
“Pues alrededor de 150.000 kilos al mes. Y no me preguntes cuánta azúcar para las tartas porque, si te digo la verdad, no me acuerdo”.

-¿Lo pasaste mal de chico?
“Fíjate, yo era hijo de un panadero, y nieto; y bisnieto. Fui peón antes de ocupar cargos de responsabilidad. Cuando me casé trabajaba en la panadería de mi padre. Luego fui evolucionando y ya te digo que hace 10 años monté las tarterías con un socio, que sigue teniendo el 50% del negocio. La primera tarta de diseño que yo había hecho fue la de mi propia boda. Y todavía no soñaba con nada de lo que vino después”.

-¿Y cuánto cuesta una tarta?
“Entre 15 y 20 euros, pero la que te he traído, personalizada y eso, puede llegar a los 44”.

-¿Cuántas fábricas de tartas funcionan para tu empresa?
“Seis. Y no tuve necesidad de acudir a los ERE. Es verdad, con la bajada de las ventas me sobraba personal, lo liquidé y dejé el que necesitaba para la producción. Nadie protestó. Fueron indemnizados de acuerdo a la ley y ya está; reduje plantilla en una palabra”.
(Se ve que domina el oficio, pero no hace alardes de nada, sólo de su trabajo. La oficina central la tiene abierta en la avenida de Anaga de Santa Cruz, en un piso del mismo edificio que su tartería en la capital. Recuerda a su padre en varias ocasiones de la conversación y tiene frases de agradecimiento hacia su esposa, que sufre una dolencia de espalda que la ha tenido en cama algún tiempo. Es un hombre de pocas palabras, repito, que apenas cuenta nada de su vida. Hay que sacárselo a cucharadas porque parece que no quiere recordar. Pero se nota a la legua que también es alguien capaz de luchar y luchar por su familia. “Yo no tenía ni idea de pastelería”, me dice, “he aprendido algo con el tiempo; de pan sí sé, porque me lo enseñó mi padre”. Viene un camarero a decirnos que ha probado el helado de gofio que ha traído y que es excelente).

-Oye, ese helado de gofio me parece exquisito -le comento también, después de probarlo-.
“Estamos fabricándolo ya, en las instalaciones de Hoya Fría. Creo que puede triunfar entre el público. A la gente le gusta que investiguemos en la gastronomía a partir de los productos canarios y el gofio es lo más genuino de la alimentación de los antiguos isleños. No es la primera vez que se intenta, pero con este sabor que hemos logrado parece difícil fabricarlo mejor”.

-Aquí hay grandes tarteros, el viejo don Egon, en La Orotava, ahora en manos de sus herederos; Otto, en la Princesa, que hoy tiene otros dueños; Teobaldo, en El Aderno; Luis López Echeto, en la actualidad también en manos de sus herederos.
“Es verdad, todos ellos han hecho historia. Para algunos he sido distribuidor de materias primas en el pasado y todos tenemos un sello personal que nos hace inconfundibles”.

-¿Tartas de boda incluidas?
“Yo las fabrico, claro, pero ahora nadie se casa. No sólo por la pandemia, sino porque la moda de las parejas de hoy es no casarse”.

-Vaya fastidio, ¿no?
“Es cuestión de cada época. Puede que la moda del matrimonio y de las celebraciones que conllevan los enlaces vuelvan y entonces venderemos más tartas de boda”.

-Y más dulces.
“Y más de todo, porque este es el objetivo. Yo los dulces los fabrico en un 80%, el resto los compro para vender”.

-Es curioso que reconozcas que tú no sabes hacer tartas.
“Pero sí sé venderlas”.

-De eso no hay duda, amigo. A los datos me remito.
“Es necesario hacer muchos equilibrios para mantener a tantos empleados, en una empresa pequeña, o mediana si quieres, que tiene un mercado limitado. Nosotros procuramos estar a la altura y creo que lo hemos conseguido. Pero ya digo que te hablo desde la humildad, siempre en la búsqueda de la calidad de lo que fabricamos. Estoy muy contento de lo que hemos logrado”.

-E inventando siempre, Lucas.
“Eso sí que nunca debe fallar”.

-Pues que lo disfruten todos tus clientes. Y yo, que me voy a comer la tarta que me has traído.

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