en la frontera

Moderación en tiempos de crispación

Los últimos acontecimientos políticos en nuestro país reclaman moderación, cordura, sentido común y, sobre todo, entendimiento y concordia para resolver, sobre todo, los problemas reales de los ciudadanos. Menos obsesión por el corto plazo partidario y más preocupación por el interés general.

En efecto, los profesionales de la crispación y del rencor propician que vuelva a la palestra del debate público un concepto que suele emerger con fuerza cuando los extremos que representan las ideologías cerradas hacen acto de presencia, tal y como acontece entre nosotros en este tiempo. Me refiero a la moderación, tan manida estos días como huérfana de aplicación práctica, pues suele confundirse con tibieza, pusilanimidad o indefinición las más de las veces, cuando nada tiene que ver.

La moderación es, entre otras cosas, un ejercicio de relativización de las propias posiciones políticas. Las políticas radicalizadas, extremas, sólo se pueden ejercer desde convicciones que se alejan del ejercicio crítico de la racionalidad, es decir desde el dogmatismo que fácilmente deviene fanatismo, del tipo que sea, como hoy comprobamos tristemente también por estos lares. La moderación, lejos de toda exaltación y prepotencia, implica una actitud de asunción de la complejidad de la gestión de la pandemia, y de nuestra limitación, especialmente en estos momentos tan difíciles.

El simplismo y la demagogia, enemigos declarados de la moderación y del sentido del equilibrio, son el campo abonado para ese populismo autoritario, de uno u otro signo, que hoy campa a sus anchas, dividiendo a las sociedades. En España de manera grosera y peligrosa. Por eso, es tiempo de políticas y políticos comprometidos con los valores democráticos, que aporten a la vida pública, que trabajen centrados en el compromiso con la excelsa y suprema dignidad humana, que tengan mentalidad abierta, metodología del entendimiento y sensibilidad social. Que trabajen desde la realidad, con la razón, conscientes de que el centro de la acción política, repito, está en la dignidad humana. Sería posible si los que saben del interés general y tienen condiciones dieran un paso al frente, aunque solo temporal, solo para sacar al país adelante.

El panorama que viene es complejo y ahora, por sentido de Estado, por compromiso con el país, no cabe la inhibición ni el anonimato. Se necesitan personas con mente abierta, capacidad de entendimiento, sensibilidad social, que trabajen desde la realidad para la mejora de las condiciones de vida de una población en la que hay bolsas importantes de ciudadanos que están en muy malas condiciones. Nos va mucho en ello.

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