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Vacunas en brazos blancos

Se han vacunado las infantas en los Emiratos y han hecho bien. Porque ya que estaban allí, mejor ponerse en manos de una galena con hiyab y dedos largos de pianista que del Seguro de aquí, que tarda meses. Veo mucha hipocresía entre el personal y entre los plumillas a sueldo del socialismo barato. Yo, si les digo la verdad, a ciertos podemitas los vacunaba pero de la rabia, porque vaya mala leche que destilan. Las infantas han hecho bien en pincharse, porque primero está la vida que el turno; y lo que digo de las infantas lo digo también de los obispos que han pasado por la inyección de Pfizer, tiempo antes de los que no hemos sido ordenados. Si yo voy al Golfo, por un casual, lo primero que haría sería ponerme la vacuna china de las infantas o la rusa de Putin o la de la madre que las parió, pero no me vengo sin el pinchazo ni de coña. Que los sociatas y los podemitas no me hablen de solidaridades cuando permiten que ocupen casas, hay más parados que nunca, las calles han perdido el tino, se han nutrido las colas del hambre y aquí sólo se persigue con saña a Rato y al emérito, mientras los demás se siguen metiendo el dinero en el Monedero. España ya no es España sino una algarabía de opiniones y todo el mundo se ha hecho epidemiólogo, hasta un tal Simón que aparece en televisión dando sermones. Lástima que no viva el padre Salvador Sierra para cargarlo y que le echara el aliento y lo inmunizara contra el covid, término que algunos feminizan y le dicen la COVID porque ahora se feminiza todo, hasta Pablo Iglesias. Un día propondrá que le digan La Pabla, antes de criticar la vacuna depositada en los blancos brazos de las infantas. Si masculinizan la vacuna sería el vacuno; y no es caso.

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