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Dos mujeres

Hay, al menos, dos mujeres en la política española que me causan mucha admiración. Una es Isabel Díaz Ayuso, presidenta de la Comunidad de Madrid, que ganará las elecciones por goleada. La otra es una marquesa, Cayetana Álvarez de Toledo, a la que el PP ha apartado intencionadamente de la gestión política tan solo por decir lo que piensa de su propio partido. Contra Díaz Ayuso se ha desatado una campaña de acoso y derribo por parte de la izquierdona. Y contra la marquesa de Casa Fuerte también, gracias al entusiasmo de su bando, ya dije que el PP. Ejercen otras mujeres cuya gestión me gusta especialmente, pero hoy me apetece hablar de estas dos. Ayuso tiene una mirada dulce y comportamientos sencillos; expone bien y nació para la política de la nada, poco a poco, quizá porque el destino de Madrid, afortunadamente para Madrid, es que esta comunidad sea gobernada por una mujer. La marquesa, con ese acento argentino afrancesado que tiene, ha demostrado ser una mujer valiente y firme, pero poco a poco irán acabando con ella porque en el PP ha tiempo que se ha instalado la mediocridad, desde Casado para abajo. España ha vivido siempre una larga tradición de hembras valerosas, lo que pasa es que en los cromos sólo salen Agustina de Aragón y la monja alférez por un lado y Ada Colau y la monja argentina independentista por el otro. Porque ya se sabe que aquí hay dos Españas; perfectamente definidas, como corresponde. Ayuso entró en la guerra sonriendo, mientras sus enemigos afilaban las dagas. Con la marquesa la tomó meona Teodoro García Egea porque le robaba protagonismo, a él y a Casado. Ella sola supera a estos dos; y a muchos más de la derechona. El PP debería resucitar las Nuevas Generaciones, que eran una cantera de mujeres valiosas para la política, pero también tendrán miedo los mediocres a que los hagan desaparecer del mapa.

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