el charco hondo

Prospecto

Si soy alérgico no debo tomarlo, tampoco si padezco alguna enfermedad de hígado o riñón, sufro insuficiencia respiratoria, tos asmática o acompañada de expectoración. Me lo desaconsejan si he estado en tratamiento con linezolid, paracetamol o procarbazina. Debo consultar a mi médico si sufro enfermedades del pulmón, del estómago, anemia, diabetes, exceso de azúcar en sangre, cálculos, hipertensión, glaucoma, hipertiroidismo, hipertrofia prostática o insuficiencias hepáticas; y, caso de no encajar en esos cuadros, también debo tomar precauciones si soy sensible a la teofilina o a la aminofilina. En el prospecto del medicamento al que recurro con más frecuencia se indican éstas u otras problemáticas y, como epílogo o sentencia final, se concluye que no está garantizado el riesgo cero. Cito. Literalmente. Al igual que todos los medicamentos, puede producir efectos adversos aunque no todas las personas los sufran -advierten, tal cual-. Y, aun así, llevo toda la vida tomando Frenadol porque parto de la base de que productores y controladores han hecho su trabajo. Confío. Interpreto que si está en el mercado será porque los beneficios son infinitamente más importantes que los efectos secundarios. Si algún día dejan de venderlo, y yo de comprarlo, será porque quienes sí saben de estas cosas han entendido que debía retirarse. Y volveré a confiar, comprenderé que han hecho lo debido. La relación de los pacientes con los medicamentos se basa en la confianza, en la convicción de que fabricantes y agencias hacen bien su tarea; pero si esa confianza quiebra, porque las autoridades competentes se han dedicado a especular o dudar en público, la confianza es desplazada por el miedo, y no hay vacuna que lo cure, porque cuando el miedo cala no hay forma de sacudírselo. Quienes deben generar confianza han sembrado desconfianza y, empeorándolo, al atrincherarse en una ambigüedad mal calculada han trasladado al paciente la decisión de si deben o no dejarse vacunar con la de Oxford. A quienes han metido el susto en el cuerpo difícilmente se les puede reprochar algo, el canguelo les ha entrado por la puerta de atrás por culpa de otros. La alarma que se ha provocado hace más daño que la vacuna ahora cuestionada. El miedo ha tomado el control. Ha quebrado la relación de confianza, ha saltado por los aires ese pegamento que hace posible la buena vecindad de medicamento y medicado. Los prospectos confirman que el riesgo cero no existe, el problema no está ahí. Al atasco no nos ha arrastrado la estadística, ha sido el miedo que han alimentado los padres de la alarma generada.

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