el charco hondo

Cosas que pasan por la cabeza

Vuelves a marzo del año pasado, a los días del desconcierto, a las horas de la duda, al dicen, al parecer, puede, podría, al yo me quedo en casa de aquel viernes, al bucle de los rumores, de los decretos o comparecencias, del confinamiento que nos transportó a la Edad Media, alejándonos del presente para sumergirnos en siglos tan pasados como impensables. Reconstruyes escenas, anécdotas y situaciones que la memoria irá eliminando. Regresas a los peores meses, a las homilías dominicales, a los anuncios, a los catorce días como largo plazo, a las prórrogas. Capítulos olvidados vuelven a la retina o al tímpano. Sacude, estremece revivir los días calcados, los aplausos, la rutina. Se pasan por la cabeza las semanas iguales, los partes de la guerra, las calles vacías, el silencio, la sensación de irrealidad que envolvió y continúa empapándolo todo. Vuelven los pasos dados, las bajadas al súper, el paseo con el perro por aceras fantasmales, los encargos en la farmacia, las dudas, el reloj detenido, la vida en el arcén, los amigos atrapados en la pantalla del móvil o del ordenador, dicen, al parecer, puede, no creo, los cálculos, las previsiones, va para largo, nada será igual, verás que sí, ojalá el verano, ojalá pronto, si la situación mejora, y si empeora. Vuelve el principio, las semanas creyendo que una pandemia era cosa de otros, de lejos, de otra gente. La memoria, protectora, trabaja a destajo para borrar los momentos más duros, el desánimo, aquella idea de que no volverá a ser igual, la nube de la libertad condicional, del calendario torcido, de los planes deshechos. Y, aun así, se reconstruyen los peores minutos, las tardes antipáticas, las fuerzas fallando, cayendo pero remontando porque no estaba permitido bajar los brazos, tampoco agachar la cabeza. Caes en que estamos empezando a olvidar sin caer en la cuenta de que comenzamos a olvidar. La normalidad sigue conjugándose en futuro más o menos inminente, pero la normalización ha entrado en nuestros días sin tocar en la puerta, discreta, sin prisas pero sin pausas. Vamos dejando atrás la anormalidad normalizada, las libertades amputadas, la vida rara del año más extraño de nuestro tiempo. Y un día, este fin de semana, los recuerdos de estos meses salen del cajón para pasearse por la casa, por los recovecos de estos últimos meses. Cosas, éstas y otras, que se te pasan por la cabeza cuando te vacunan.

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