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Echo de menos al rey Juan Carlos

No sé ustedes, pero yo, súbdito de este país de mierda, echo de menos a un rey como don Juan Carlos quien por dos veces salvó la democracia española –primero, por la herencia envenenada de Franco, luego por el 23F-, proscrito por un asunto de faldas y por presuntos delitos contra la Hacienda pública de demostración dudosa y siempre con dinero de fuera, nunca español. Fariseos, no justifico nada. ¿Pero qué pasaría si el rey emérito le pide a su amigo de los Emiratos un avión y se planta en Rabat a hablar con su sobrino Mohamed VI? Pues que en media hora arreglaría un problema que ni su hijo, el rey actual, ni el incapaz de Pedro Sánchez van a solucionar, por el momento. Ni Unión Europea, ni nada. Don Juan Carlos ha sido el mejor embajador de España, el que calló al sátrapa Chávez en presencia del tontorrón de Zapatero, luego comprado por el chavismo de una forma alevosa. Y su país lo tiene viviendo en una villa de lujo, fuera de la patria, arrinconado como un paria cuando ha sido el gran valedor del estatus de España, destrozado por cierto por un Gobierno de incompetentes. Yo echo de menos al rey Juan Carlos, que me hizo sentir importante como español, que puso a España en el mapa de la moderna Europa, que nos dio prestigio en el mundo y convirtió a su país y el nuestro, eligiendo bien a sus hombres-clave, en una potencia económica. Y que ha vendido en el extranjero lo que tenía que vender para que nuestra industria subiera como la espuma. Y que dio prestigio a un lugar llamado España que otros se están encargando de dinamitar. Yo echo de menos a mi rey, para algunos ex rey, para mí rey eterno, a pesar de las veleidades amorosas -¿y quién no las ha tenido, fariseos?- y de las contabilidades dudosas.

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