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EDITORIAL | El día de Canarias y el caso de Tenerife

Tiene motivos Canarias para celebrar hoy su Día con un sentimiento renovado de optimismo. Sin tirar las campanas al vuelo, las Islas se acompasan con la nueva conciencia de estar asistiendo a la recta final de una pandemia devastadora
La calle del Castillo está inusualmente vacía esta segunda semana de rebajas, bien por la crisis económica, bien por la toma de conciencia de que se deben evitar las aglomeraciones. SERGIO MÉNDEZ
La calle del Castillo, en Santa Cruz de Tenerife. SERGIO MÉNDEZ

Tiene motivos Canarias para celebrar hoy su Día con un sentimiento renovado de optimismo. Sin tirar las campanas al vuelo, las Islas se acompasan con la nueva conciencia de estar asistiendo a la recta final de una pandemia devastadora. La cifra de personas ya vacunadas parcialmente (cerca del 40 por ciento de la población) y las expectativas de alcanzar antes de dos meses la anhelada inmunidad de grupo también llamada de rebaño, permiten albergar razonables esperanzas de un pronto desenlace satisfactorio de la crisis sanitaria.

La vacunación masiva caracteriza el curso de este año 2021, que estamos a punto de demediar, y con ese horizonte el Archipiélago, que zozobró en 2020 como el resto del mundo, se suma a las regiones y países que abren sus fronteras y ponen en marcha la locomotora turística. Nace un nuevo día en la piel y en la psique de todos los canarios. Es innegable la confluencia de factores positivos (la enfermedad decae y el Estado y Europa combaten el grave ciclo económico con ayudas y estímulos inéditos). Todo apunta al inicio de la recuperación.
Si 2020 fue el año de entrada, este 2021 puede ser el año de salida del fatídico túnel. En cuestión de semanas (de ocho semanas claves por delante habló el viernes el presidente Ángel Víctor Torres en vísperas de este Día coincidiendo con su propia vacunación) podremos ver la luz al final de ese corredor tras una larga pesadilla. No será un antes y un después automático; de sobra sabemos que habrá un punto y aparte y un periodo de transición. Pero estamos en las postrimerías de lo peor, si las variantes del virus que surgen no complican en demasía los planes de salir a flote. Por dotarnos, en tiempo récord, de un arsenal de vacunas podemos decir con este tono que estamos en condiciones de remontar, pero no por ello somos ajenos a las dificultades que puedan sobrevenir ante la enigmátivca evolución de este virus siempre imprevisible que ha puesto a Canarias, a España y al mundo entero patas arriba. No estamos cantando ya victoria, sino celebrando en nuestro Día que las cosas vayan mejor que el año precedente, cuando no acertábamos a saber qué nos pasaba ni cuánto de capaces éramos de salir adelante frente a un enemigo ubicuo y desconocido. Hoy tenemos información, vacunas y experiencia acumulada para afrontar la nueva etapa, quizá la decisiva, de esta pandemia universal que nos marca para siempre.

En pocas fechas, España recibirá los primeros fondos europeos del programa de recuperación Next Generation EU, promovido por la Comisión Europa hace un año, el 27 de mayo de 2020. Su parte de los 750.000 millones de euros aprobados para el conjunto de la Unión y en particular para España e Italia suma 140.000 millones (2021-2026), de los que Canarias se beneficia de manera sustanciosa. El giro de 180 grados en la respuesta de la Unión Europea a esta crisis mediante una ambiciosa inyección de fondos públicos financiados con deuda comunitaria a 30 años, en contraste con la austeridad extremada que Bruselas impuso hace una década como dogma inamovible durante la Gran Recesión, causante de desigualdad y empobrecimiento en los países más afectados, permite ahora mirar al futuro sin temores adicionales a un derrumbe sistémico de empresas y puestos de trabajo.

La reconstrucción de nuestros pilares, en el marco del Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia de la economía española será solo posible en las Islas con un esfuerzo decidido por parte de la Administración central, dada la profundidad de la crisis en nuestro caso en relación con el resto de las comunidades. Por suerte, en la primera oportunidad, el Estado no ha sido cicatero -como sí lo fue durante la Gran Recesión originada en 2008- a la hora de repartir los dividendos del maná correspondiente al fondo especial de 7.000 millones para ese fin. El hecho de que Canarias perciba 1.440 millones de ficha financiera, la mayor aportación asignada a un territorio autonómico, ha levantado ampollas en otras regiones, pero era de justicia y el saldo de la crisis no se prestaba a dudas: el PIB canario cayó un 20%, el doble que el estatal.

De manera que, por estas y aquellas razones, hoy es un Día de Canarias de cielos abiertos con motivos fundados para recuperar la ilusión en un mejor porvenir y retornar a la senda del crecimiento, valores y creencias que habían quedado apartados de un plumazo de entre nuestras prioridades y convicciones. Otra cosa es que derivemos hacia una euforia irresponsable. Le hemos visto las orejas al lobo y sabemos a qué adversidades nos enfrentamos. Aprendimos una lección de humildad, nos bajamos del pedestal, estamos con los pies en el suelo. Esta epidemia nos ha demostrado sobradamente su cualidad principal: el inagotable efecto multiplicador de sus cepas, a cual más contagiosa y virulenta para la salud y la economía. Es por ello que, una vez escaldados por anteriores desescaladas que abocaron a las Islas y a España a dar continuamente marcha atrás, debamos ahora, en este kilómetro cero hacer las cosas con la cabeza fría, con juicio certero, con autocrítica y con una nueva visión de futuro a corto y medio plazo.

De todas las Islas, Tenerife (exceptuado el reciente descarrilamiento de Lanzarote) registra niveles de riesgo y propagación del virus demasiado prolongados en el tiempo. Durante largos meses, cuantifiquemos los ocho últimos, con la salvedad de un corto paréntesis en el nivel 1 de bajo impacto de la COVID-19, esta Isla ha permanecido sumergida en las aguas negras de la pandemia, con el virus hasta el mismísimo cuello. Una cadena de circunstancias anómalas arrojan ese balance desalentador. Pero no es una isla cualquiera, sino la más poblada del Archipiélago y, por consiguiente, un territorio determinante para la estabilidad del conjunto de la comunidad, para alcanzar niveles de incidencia acumulada a siete y 14 días por cada 100.000 habitantes homologados por los países europeos emisores de turismo. No es el problema de Tenerife, es el problema de Canarias. Y la tentación a recluirse en una mejor situación epidemiológica de la mayoría de las islas y de cada isla en particular donde habitemos como compartimentos estancos, y no como una comunidad que hoy celebra su Día colectivo, subsiste como una inercia histórica. Contra ella debemos estar continuamente alertas. Si Tenerife no va bien, Canarias va mal.

En manos de los expertos reside la localización de los factores que condicionan esta cronificación pandémica testaruda de la isla de Tenerife, intolerable aun en niveles moderadamente bajos como los actuales, tanto en lo que atañe al comportamiento que corresponde a los ciudadanos como a las respuestas ante toda emergencia que se esperan -y se suponen- lógicamente de las autoridades. ¿El porqué Tenerife ofrece una mayor resistencia a la reducción de contagios diarios que el resto de Canarias no puede eternizarse como un enigma sin solución? El caso de esta isla en el nivel 2 de alerta (colindante con el 3), frente al grueso de Canarias en el nivel 1, es evidente que está pidiendo a gritos un sobreesfuerzo en los medios humanos y materiales para atajar un fenómeno que se escapa de las manos de los recursos que se aplican en la actualidad. Es la hora de los responsables políticos y sanitarios de Tenerife y de Canarias. No inmutarse, sin redoblar los esfuerzos ante el problema que no salpica a una isla, sino a todas, como es fácil colegir, arrastraría de manera imprudente a un problema cada vez mayor y con consecuencias indeseables justo cuando nuestra comunidad asoma la cabeza y se propone salir adelante turística y económicamente, sin pérdida de tiempo. Abrir las puertas al turismo, como ahora se hace en un nuevo intento inaplazable, ya sabemos que a menudo nos ha sumido en la frustración, ante los reveses epidemiológicos en alguna de las islas (Tenerife es ya un clásico en ese tiovivo desde que Gran Canaria dio con la piedra filosofal tras un mal inicio que provocara uno de los primeros portazos del turismo europeo).

El Gobierno, la Sanidad pública no deben tener reparo a la hora de testar, en nuestro caso concreto, el protocolo de actuación del sistema canario de salud con que lucha contra el virus por estos lares. Y adoptar medidas complementarias urgentes que contribuyan a reconducir la situación por el bien de Tenerife y de Canarias. Confiamos en que así se esté actuando ante la persistencia de los datos adversos de este último mes. Pero, en todo caso, es evidente que se requiere un esfuerzo mayor. La isla vive su particular estado de alarma, temiendo retroceder al nivel 3 de alerta, con graves consecuencias para su economía y salud. Está en manos de los ciudadanos y de Sanidad remediarlo cuanto antes.

La ciudadanía es la primera responsable del éxito de las medidas de prevención y seguridad, pero los contratiempos a la hora de controlar la expansión de la COVID-19 implican también a otros actores: la baza del protocolo no es baladí. Los hábitos de vida de tinerfeños y canarios en general es similar. La isla que más y la que menos ha experimentado avances y retrocesos. Y allá donde el sistema erraba se intensificaban los controles. Se hizo en Tenerife puntualmente cuando la incidencia acumulada se disparaba arruinando las aspiraciones regionales como destino turístico y se logró revertir el decalaje. Esta isla también sabe lo que es el nivel 1 de alerta (si bien por un corto periodo casi testimonial), del que ahora disfrutan Gran Canaria, Fuerteventura, La Palma, La Gomera y El Hierro. Junto a Lanzarote somos la excepción. Lo cual no eclipsa, pero sí desiguala un Día como este en que Canarias somos todos, en las verdes y en las maduras. A buen seguro, pronto podremos celebrar sin desniveles una misma inmunidad. Feliz Día a todos.

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