despuÉs del paréntesis

El rey soñado

El rey tuvo antecedentes, Felipe V, y su primera consorte, la rica dama italiana doña María Luisa Gabriela de Saboya. El príncipe que se revela detrás de estas letras es Luis I de España, un regente que ha pasado desapercibido en la historia. El porqué así ha ocurrido es por el segundo de los datos a considerar: fue el soberano con menos tiempo de señorío en este país, 229 días; el uno es cabal: fue el primer borbón nacido en España (Madrid).
Se parte de dos reparaciones para la vida del preclaro: una, los severos problemas mentales que el padre padeció, para desmedro de su segunda esposa, la también italiana Isabel Farnesio, adicta al poder; y dos, el que su progenitor abdicara, como Juan Carlos I, en favor suyo. Luis I solo contaba con dieciséis años de edad. ¿Cómo conducir el reino? El sabio consejo que reunió lo logró en contra de la siniestra madrasta que, entre otras cosas, luchaba para recuperar las posiciones españolas de Italia.
Pero lo dicho no es lo que da enjundia a esta crónica. Rey y matrimonio. Él quince años; ella, la princesa francesa Luisa Isabel de Orleans, doce. Le daban tiempo al rey para la descendencia. Pero se topó con el delirio: no poder acceder sexualmente a ella por el carácter de la reina: no se bañaba, descuidaba los trajes, apenas dormía y se desnudaba en público. ¿Consecuencia?: las más diversas amantes, la prostitución y la fiesta, el rey juerguista. Reparo a las excentricidades de la niña, encerrarla. Y en la celda del castigo se produjo el prodigio. Luisa Isabel de Orleans se dirigió a su amado con pasmosas cartas de amor. ¿Era cierto lo que proclamaba? La hicieron salir. Sí; desde entonces Luis fue su arrimo incondicional; en todo, siempre a su lado, por más en la enfermedad, las fiebres, las viruelas, que se lo llevaron a la tumba el 31 de agosto de 1724 con 17 años de edad.
La perversa Farnesio obró, dado que recuperó el trono. Separó de la tumba de su amado a la muchacha y la devolvió a su país para vivir dos años en un convento y el resto de su vida (hasta el 16 de junio de 1742, con 33 años) en el Palacio de Luxemburgo de París. Y cuentan los anales que desde esas fechas Luisa Isabel se recreó con el ser al que quiso y adoró: redactó y le envió centenares de cartas, hermosísimas, sublimes, maravillosas cartas de amor. La vil Farnesio las destruyó para que no se conocieran y por eso no las conocemos hoy, aunque la voz de la doncella que fue joven y luego adulta lo declamó por toda su vida en pro de la pasión.

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