el charco hondo

La conversación

Lo primero que cambia cuando la realidad individual o colectiva empieza a girar es la conversación. Las transiciones tienen en lo que se dice o cuenta la casilla de salida, otras preguntas buscan otras respuestas en el guion de las cosas que comentamos. Sin apenas darnos cuenta, sustituimos unos asuntos por otros, dejamos de verbalizar algunas preocupaciones para dar voz a las siguientes, al después. Las conversaciones son el semáforo que nos señala si continuamos en el capítulo anterior o posterior. Sin apenas darnos cuenta, ya es otra la conversación en casa, el bar, las comuniones, los cumpleaños o en la antesala de las reuniones de trabajo. Los partes de guerra están siendo reubicados en la segunda o tercera fila del patio de butacas. Hace días o semanas que pocos hablan de olas, repuntes o curvas. No desterraremos en el país de la desmemoria a los fallecidos, tampoco a los ingresados o a quienes el virus dejó marcados por las secuelas físicas o psíquicas, pero la conversación ya es otra porque otras son las dudas y otros los asuntos que protagonizan los días. Esto no ha terminado, la pandemia continúa marcándonos el paso y el virus no se ha ido ni se irá; conviviremos con él por los siglos de los siglos, pero ya será de otra forma. Esto no ha acabado, pero ha cambiado. La normalización ha empezado. Estamos en el camino que debe llevarnos de lo anterior a lo siguiente. El tren que nos debe sacar de aquí ha salido de la estación. En cafeterías, oficinas y sobremesas la conversación acampa en los ritmos de vacunación, las citas, los colapsos telefónicos o las incidencias en la web. Sin quitarnos la mascarilla nos preguntamos cómo acreditaremos que ya hemos sido vacunados. Sin habernos sacudido la libertad condicional -este confinamiento rebajado que mantiene algunos corralitos- la conversación nos lleva al después, a los planes, a la difícil gestión de la convivencia de las dos velocidades que protagonizan vacunados e inmunizados y no vacunados, a las medidas que conlleva la movilidad recuperada, al regreso a las canchas y los estadios de fútbol, a los ensayos en pubs o conciertos, a los doscientos veinte mil canarios que se han inscrito para vacunarse -en menos de cuarenta y ocho horas- y a especular sobre si finalmente podremos tener o no carnaval en la calle. La conversación ahora se centra en situaciones con las que llevamos meses soñando, en esta avalancha de solicitudes que está humillando al negacionismo, en las reaperturas, en las reservas de los turistas y otros síntomas o señales de la normalización. Esto es otra cosa. Las conversaciones confirman que estamos saliendo del túnel sin apenas darnos cuenta.

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