después del paréntesis

La muerte de un cantante

En el año 1987, Franco Battiato escribió la canción Bandera blanca, que traduzco libremente: “Señor del mundo normal, no quiero bromear más con usted. Así que volvamos a ponernos la camisa. Los tiempos están a punto de cambiar. Ahora sí podemos calificar con capacidad las cosas. Somos dobles, hijos de las estrellas y bisnietos de su majestad el dinero”. De modo que, por saber, elegiremos. O conducimos la existencia por la banalidad, programas idiotas de televisión, gradas electorales al uso, perfumes y desodorantes señalados o por la suficiencia, las arenas movedizas derribadas. ¿Por qué optar? Battiato eligió, siempre eligió la consecuencia. Battiato fue una de las voces más sublimes de los años 70 y 80 en Italia. Su creatividad lo llevó a la cumbre. Su voz queda y sus letras, como aquella que se llamó El amor, señalaron un modo de ser y de convencer.


De padre camionero y estibador y madre a la que adoró hasta el final de sus días, la madre que le cedió su apellido, Grazia Battiato, surgió (1945) en la punta de la impaciencia. Luego de los estudios de nivel medio, con 21 años marchó a Roma; con 23, a Milán. Allí la música lo sentenció. Abandonó su carrera universitaria por cantar; por ejemplo, en un cabaret donde se le oían canciones sicilianas. Comienzan los contratos profesionales con discográficas y en los años setenta se convirtió en el referente más extraordinario, por experimental y progresivo, del pop italiano. Sus discos de aquella época, de pocas ventas, hoy son reconocidos como tesoros. Hasta 1981, con La voce del patrone (La voz del patrón) que vendió más de un millón de copias. La inquietud. Un cantante popular que no se resistió a la ópera (Gilgamesh, El caballero del intelecto) o como director de cine: Perdido amor (2003). Munikanten (2006), Nunca es como parece (2007)… o como aficionado a la astronomía, a mirar a las estrellas.


Lo que la música acredita es el lugar somero en la memoria. Porque la música no solo despierta los sentidos y la sensibilidad, sino que te relaciona con los momentos precisos que fueron, con las sensaciones exactas que viviste y que siempre las melodías señaladas te hacen recordar. Eso dispensa Franco Battiato entre los hombres, eso somos por él. Y él por sí mismo. El desgraciado Alzheimer que padeció, que arrasó su memoria, su relación con el mundo, con lo que creó (cerca de 50 álbumes) y aquello que lo acompañó hasta que fue consciente de ello. El pasado martes 18 murió el humanista del pop.

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