El charco hondo

Algo

Catedráticos, jefes de área, portavoces del Gobierno, epidemiólogos, tertulianos y espontáneos coinciden en que algo está provocando que los tinerfeños se contagien más que los de otras islas, ahora bien, nadie se lanza a la piscina concretando, definiendo o identificando ese algo. Su persistencia lo hace merecedor de la mayúscula inicial, Algo. Algo pasa. Algo […]

Catedráticos, jefes de área, portavoces del Gobierno, epidemiólogos, tertulianos y espontáneos coinciden en que algo está provocando que los tinerfeños se contagien más que los de otras islas, ahora bien, nadie se lanza a la piscina concretando, definiendo o identificando ese algo. Su persistencia lo hace merecedor de la mayúscula inicial, Algo. Algo pasa. Algo esto. Algo lo otro. Algo ocurre. Algo tiene a la Isla con la estadística torcida. Algo que, salvo indicación en contrario, difícilmente podrá atribuirse al comportamiento de quienes bajamos de la cama igual que bajan los de Haría, Segovia, Arucas, Pontevedra o Telde. Los tinerfeños cumplimos las restricciones tanto o tan poco como en el resto del país. Hacemos las cosas tan bien o mal como en cualquier otra parte, y nuestro sentido común, responsabilidad o paciencia son equiparables a los de Bilbao, Ingenio, Cáceres o Pájara. Que se sepa, no sudamos distinto, tampoco respiramos o tosemos diferente, y besamos, abrazamos, reímos, brindamos, salimos y entramos como besan, abrazan o respiran los vecinos de San Bartolomé de Tirajana. Y, sin embargo, Algo provoca que el mapa de los contagiados nos crezca más que a otros. Tenemos tantos y tan buenos amigos como los tienen en otras Islas. Somos tan noveleros como en cualquier otra -no más, ni tampoco menos-. No constan orgías interminables ni bacanales romanas. No se organizan conciertos multitudinarios en galerías de agua u otros festines en el subsuelo de la Isla. Cumplimos e incumplimos como en todas partes, pero la inmensa mayoría está haciendo las cosas razonablemente bien, sacrificándose, renunciando a tanto. Así que, con este cuadro, lo suyo no pasa por ir hacia detrás. No se resuelve regresando a un pasado tan reciente como indeseable. Basta con insistir en el cumplimiento de las restricciones vigentes, tirar de pedagogía, concienciar especialmente a los vacunados, sí, pero en ningún caso endurecer las medidas. La Isla está estancada, pero la situación no requiere romper el cristal de la alarma de incendios. Resulta complicado saber si lo de la Isla tiene que ver con el comportamiento (no es el caso, no lo parece) o con el seguimiento e identificación de positivos (podría ser). Los expertos no saben qué está pasando, mala cosa que pasen esa pelota a los conferenciantes de bares o sobremesas. Algo pasa. Algo será. Algo, sí. Algo que se llama virus y que contra viento, vacunas y mareas sigue improvisando, cada vez más acorralado pero a su puta bola, jugando con las estadísticas o los semáforos. Algo es el virus, que sigue por aquí. Nada más, y nada menos.