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El milagro de los 29 segundos

Sánchez logró soplarle algo al oído a Biden durante la cumbre de la OTAN, en un paseo de 29 segundos en el que el presidente USA me pareció ausente; los ojos muy abiertos, mirando al infinito y como preguntando a una agente del Servicio Secreto: “¿Pero quién es este?”. Flotaba en el ambiente la foto del bobalicón de Zapatero, sentado en la grada de la Castellana, al paso de la bandera de los Estados Unidos. USA no se olvida nunca de la gente que lo agravia y Sánchez –que no lo ha hecho- es la versión corregida y aumentada de nuestro Bambi, el amigo de Maduro. No han tenido suerte los sociatas últimamente con sus mandatarios. Pasar de Felipe, un auténtico estadista, a los actuales habitantes del bosque de la política nacional, es como pasar de la Edad Media al Renacimiento. Yo creo que en La Moncloa creen que los españoles somos idiotas y han vendido el paseíllo torero de Sánchez y del vejete Biden como un éxito diplomático. Yo creo que si fue González Laya quien preparó la mascarada lo mejor es que la ministra con cara de vendedora de seguros se recluya en un monasterio para que los monjes le recen y le quiten el gafe. Biden no pronunció una palabra y en Exteriores dicen que Sánchez le habló de la OTAN, de la inmortalidad del cangrejo y de la vuelta del mirlo. Recuérdese cuando Sánchez persiguió a Trump en otra reunión parecida y éste lo mandó a sentarse, mientras él hablaba con otros mandatarios que estaban cerca. No le hizo puto caso. Fíjense en la diferencia con Aznar, para bien o para mal, quien colocó las patas sobre la mesa del rancho presidencial de Camp David, con Bush hijo, que incluso lo llamaba por su auténtico apellido: “Ansar”. Somos un país cojonudo, que en 29 segundos arregla el mundo en un pasillo.

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