el charco hondo

Futbolín

Aunque hayamos sido campeones de esto o aquello, este país sigue siendo más de futbolín que de fútbol. Con la improvisación por bandera, el lío sobre la vacunación de la selección nos tiene encajando goles en propia puerta, trasladando la imagen folclórica con la que nos caricaturizan ahí fuera y aquí, puertas adentro, sirviendo en […]

Aunque hayamos sido campeones de esto o aquello, este país sigue siendo más de futbolín que de fútbol. Con la improvisación por bandera, el lío sobre la vacunación de la selección nos tiene encajando goles en propia puerta, trasladando la imagen folclórica con la que nos caricaturizan ahí fuera y aquí, puertas adentro, sirviendo en bandeja a los demagogos la paella de frases hechas, falacias o comparaciones de cartón que tanto les gusta. No nos preguntemos si los futbolistas deben vacunarse, sino si debieron hacerlo en su momento (éste no, ya no). La decisión del Consejo Interterritorial ha incurrido en fuera de juego. Un pronunciamiento tan tardío difícilmente puede reconducir el desaguisado, la chapuza no tiene cura. La medida debió tomarse bastante antes -en un sentido u otro, pero hace meses-. Ahora es tarde. Cualquier cosa que se haga a estas alturas no arregla el descosido, no lo deshace en el ámbito sanitario ni, desde luego, en el futbolístico. Vacunarlos ahora difícilmente arregla algo, tampoco lo contrario. Discutir se nos da mejor que planificar, y entretenerse con debates estériles es la especialidad de un país capaz de pegarse días contraargumentado, a favor o en contra, sin detenerse en el detalle de que el tiempo de decisión ya pasó. Claro que sí, hay colectivos que debieron ser vacunados antes que los futbolistas -bien pudieron premiar a quienes trabajan en los súper, transportes u otros servicios esenciales, trabajadores que no pararon durante el confinamiento-. Y otros grupos con dolencias específicas deben considerarse prioritarios, por supuesto. Nadie lo discute. Ahora bien, ni unos ni otros se vacunarían antes o después si hace semanas lo hubieran hecho treinta futbolistas que, más allá del balón, esta vez tienen la tarea de proyectar adecuadamente la marca España -ya estamos fracasando, con este sarao- y, de paso, dar una alegría a quienes en este país llevan quince meses pasando penas y miserias. Vacunarlos no habría eliminado el riesgo de que contagien, pero si lo hubieran hecho cuando debieron -mucho antes- no estaríamos protagonizando este espectáculo, con el inevitable cóctel político-futbolístico. La gestión del asunto del que se habla en comuniones o cumpleaños se ha llevado de mala manera, empeorando la mala racha de la ministra nadie ha dicho nada sobre las vacunas de quienes van a Tokio, se ve que los futbolistas caen peor. Hacer una excepción acatarra la coherencia del criterio de orden y espera, de acuerdo. Saltarse la cola no tendrá buena defensa, pero con este ritmo de contagios lo que no tendremos será defensa, delantero ni portero.