Después del paréntesis

La guerra

La tragedia se percibió en el empate contra Polonia. El fallo del primero no era previsible, pero fútbol es fútbol. Pero desde entonces se reconoce lo que ocurrirá, que España no le ganará a Italia, a Inglaterra, a Francia o a Croacia… Como se sabe, un seleccionador no fabrica futbolistas buenos. Sin embargo, se entiende […]

La tragedia se percibió en el empate contra Polonia. El fallo del primero no era previsible, pero fútbol es fútbol. Pero desde entonces se reconoce lo que ocurrirá, que España no le ganará a Italia, a Inglaterra, a Francia o a Croacia… Como se sabe, un seleccionador no fabrica futbolistas buenos. Sin embargo, se entiende que un seleccionador hace equipo. Eso lo comprobamos ante las selecciones mencionadas. Por ejemplo: ¿alguien dudaría de que Deschamps deja de llamar a Griezmann porque el entrenador del Barcelona no lo incluye como titular? Lo que se le pide a un profesional tal es la consecuencia, consecuencia por la cual estaría obligado a explicar públicamente sus decisiones. Cito algunas: una, ¿cómo es posible que alguien que está obligado a elegir a los mejores jugadores de un país no cuente con Iago Aspas?; dos, ¿cómo es posible que un jugador reconvertido por su entrenador en uno de los mejores delanteros y pasadores de la liga juegue de lateral derecho? En el primer caso lo que parece explicarnos este sabio es que estamos equivocados; Aspas no es tan bueno como lo que creemos. En el segundo se apresta a corregir al Cholo Simeone; el lugar de Marcos Llorentes es este. Lo comentó “Il corriere della sera”: una torpeza, un desperdicio. ¿Qué ocurre? Lo que confirma el entrenador con el que nos toca vivir es que Aspas no va, Llorente juega donde juega, Isco no es convocado, Asensio tampoco igual que Sergio Canales, lo que confirma es que al susodicho no le interesan los futbolistas inteligentes, ingeniosos, técnicamente dotados, que distinguen los espacios con precisión, los dominan y se mueven de modo sublime por ellos. A este entrenador le gusta el juego directo. Luego, cuanto más anónimos y acomodados, mejor. Concurre, sin embargo, una historia que el nivel intelectual del asturiano-catalán que nos convoca no distingue: nos encontramos ante una verdadera guerra, como expusieron las bandas medievales. Eso sucede cuando nos enfrentamos a Francia, a Italia…: país contra país en lucha para ganar. Y no se trata de ganar a cualquier precio. En esos casos salvamos el honor, la dignidad, la competencia, la inteligencia…; Luchamos porque somos nosotros y somos así. Eso es lo que detalló el gran Luis Aragonés con los mejores jugadores conocidos (Casillas, Xavi, Iniesta, Villa…) y dio a conocer un equipo que fue modelo del mundo y que cambió el modo de ser del fútbol mundial. Cuestión de identidad. No nos reconocemos. Y los mejores no están.