El charco hondo

La noche confunde

Los científicos no suelen trasnochar, al parecer rara vez salen de copas hasta las tantas. Qué decir de los epidemiólogos, tan poco dados a bares o discotecas, de ahí el lío que Sanidad se ha hecho con el ocio nocturno, imponiendo restricciones escasamente científicas, porque de lo contrario, si la cosa tuviera fundamento, no habrían […]

Los científicos no suelen trasnochar, al parecer rara vez salen de copas hasta las tantas. Qué decir de los epidemiólogos, tan poco dados a bares o discotecas, de ahí el lío que Sanidad se ha hecho con el ocio nocturno, imponiendo restricciones escasamente científicas, porque de lo contrario, si la cosa tuviera fundamento, no habrían reculado al caerles encima los gobiernos autonómicos -o sí, o no, vete tú a saber-. Ya pasó con la directriz de ponerse mascarillas en la playa, medida que Sanidad acabó escondiendo en el cajón cuando el sector montó en cólera -¿cuándo desoyeron a los científicos aquella vez?-. Tanta facilidad para desdecirse, esta ligereza con la que el Ministerio dice una cosa y la contraria, acerca a la sospecha de que los científicos volvieron a casa por navidad. Con la política ocupándolo todo, huele a que lo que se publica en el boletín oficial carece de arquitectura epidemiológica. Solo así puede explicarse la inexplicable aprobación de restricciones -elevándolas al Olimpo del obligado cumplimiento, mientras no se alcance la inmunidad de grupo- para desandar lo andado cuando los gobiernos regionales se plantan o salen corriendo al juzgado. Que en pocos días se pase del boletín a la supresión de las limitaciones a la hostelería indica que la ciencia saltó por la ventana cuando la política entró por la puerta (y las encuestas, que parecen dar la espalda a los que cierran los bares). Cabe otra explicación que traduzca lo inexplicable. Quizá, tal vez, el patinazo de Sanidad, con la ministra nominada como actriz principal, encuentre su razón de ser en otras urgencias de Moncloa. Quizá, tal vez, el error no fue tal, y lo que ha ocurrido es que los fontaneros de Sánchez concluyeron que con este lío -proclamando el estado de alarmita- en las tertulias de plató, cafeterías, comuniones y entierros se dejaría de hablar de los indultos, conscientes los asesores del presidente de que las copas preocupan al buen español bastante más que los recursos de inconstitucionalidad. Hipótesis. Realidades más o menos alternativas. Posibles escenarios. La rectificación de Sanidad, solo superada por el error de imponer a los gobiernos regionales lo que ya no tocaba, anima a buscar razones donde no las hay. Con los científicos de días libres y la política haciendo y deshaciendo, lo único que parece indiscutible es que la noche los tiene confundidos.