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Pobre España

Si yo fuera el rey estaría avergonzado de estampar mi firma en unos indultos ilegales concebidos exclusivamente para mantener en el poder a un tío como Sánchez. Parece que Sánchez sufre de una enfermedad que le produce factores inhibitorios del ridículo; o sea, que el paseíllo con Biden y la cuadrilla del Servicio Secreto por la Monumental de la OTAN no sólo lo estimula sino que lo interpreta como un éxito diplomático. Faltaban los picadores. No se puede tener una ministra de Exteriores con apariencia de mucama sin correr el riesgo de que organice trapisondas como esta. Además, tampoco es de recibo lo de su jefe de Gabinete, Iván Redondo, que se cree presidente y que sólo está dotado para las relaciones públicas; es decir, para lo superficial. Redondo no tiene dueño: trabaja para quien le paga; y en eso estoy con él, porque el tipo es un lince. Pobre España, en manos de quiénes estamos. No sé si los fondos de Europa llegarán o no, pero Ursula Von der Leyen y compañía saben en qué se gastan el PSOE y sus socios el dinero público, o sea que a lo mejor las perras llegan tarde o nunca, quién sabe. Lo de Biden fue la gota que colmó el vaso. Me recordó por un momento a Pepe Capón y a mí corriendo por los pasillos de la Audiencia Provincial detrás de su presidente, a la sazón don Francisco Soler Vázquez, una grandísima persona, para pedirle que hablara con el ponente del desahucio al que condenaron a este periódico del local que ocupaba en la calle Santa Rosalía, en la noche de los tiempos. Al final lo conseguimos, haciendo también el paseíllo. Don Francisco tenía prisa y a mí se me escapó un taco: “¡Coño, don Francisco, pare un momento!”. Era tan buena persona que se detuvo, no me tuvo en cuenta el taco e intercedió en la petición de aplazamiento.

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