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Qué pesadez

Cada día me telefonea una tía de una eléctrica para que me cambie de compañía. En vano protesto, le reitero que no tengo intención de hacerlo y le ruego que no me moleste más. A la tarde siguiente, otra vez. La semana pasada fui a una oficina de Movistar, a retirar una tarjeta de teléfono incluida en mi abono. Me metieron a la fuerza una alarma, que no necesito, pero la contraté porque la dependienta fue muy amable y me quitó de la factura servicios que no uso y así compensaba. Me dijo que el técnico se pondría en contacto conmigo para instalar la alarma y le di un número de celular -mi otro móvil de Vodafone, empresa rival-. Y nada, no llama. Telefoneo al 1004 y me sale una señorita de las Chimbambas, con acento sudamericano. Me dice que vuelva a la tienda a protestar, porque ella no puede hacer nada, aunque lo siente mucho. Le digo que no, que yo a la tienda no vuelvo, porque está en el Centro Comercial La Villa, a varios kilómetros de donde vivo. ¡La oficina de la compañía me envía a una tienda, que también es de la compañía, a resolverme el problema! Le vuelvo a decir que no. La alarma sigue sin ser instalada y yo maldiciendo a Movistar y a mi debilidad por contratarla. Hace unas semanas me llamó un tío de Movistar para preguntarme si me sentía satisfecho con los servicios de la compañía. Le dije que sí, aunque me parece muy cara, sobre todo por los paquetes que tengo contratados. Total, que nadie resuelve nada de nada. Esta tarde me volverá a telefonear la tía de la eléctrica, rival de Endesa, a ver si me cuela su compañía en un momento de debilidad. Y mañana el técnico de las alarmas de Movistar seguirá sin aparecer. A ver qué dice la factura de este mes, ya les contaré.

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