El charco hondo

Bola de partido

La percepción de peligro, real o supuesto, presente, futuro o pasado, esa emoción primaria que se deriva de la aversión al riesgo o la amenaza, el miedo o el terror, son digeridos de forma bien distinta por Ángel Víctor Torres y Gustavo Matos. Los análisis de coyuntura, las evaluaciones de riesgos y el enfoque orgánico […]

La percepción de peligro, real o supuesto, presente, futuro o pasado, esa emoción primaria que se deriva de la aversión al riesgo o la amenaza, el miedo o el terror, son digeridos de forma bien distinta por Ángel Víctor Torres y Gustavo Matos. Los análisis de coyuntura, las evaluaciones de riesgos y el enfoque orgánico de los presidentes del Gobierno y del Parlamento se parecen lo que el agua al aceite, la noche al día o el huevo a la castaña. El mecanismo que permite al presidente del Gobierno responder ante situaciones adversas está a años luz del esquema adaptativo con el que, al parecer, piensa (luego existe) Gustavo Matos. Así se explica que, con la exigencia del diferencial del 80% para las producciones audiovisuales sobre el tablero, mientras Ángel Víctor Torres reconoce públicamente que debe resolverse en el ámbito político porque en el Constitucional se corre el riesgo de perder el recurso (la abogacía del Estado considera que no se ha incumplido el Régimen Económico y Fiscal), a millones de kilómetros del presidente, en las antípodas del razonamiento de Torres, sobrevolando con desparpajo el espacio aéreo de la discrepancia para contradecir en público a su secretario general, Gustavo Matos haya afirmado -en este periódico, a Jorge Berástegui- que no hay que tenerle miedo a un pronunciamiento judicial. Nadando a contracorriente de la generalizada impresión de que si la cosa acaba en el TC las Islas saldrán trasquiladas, por la puerta de atrás, orejas gachas, peor de lo que entramos, a Gustavo Matos no le da miedo la posibilidad de que nos levanten los pies en el Constitucional. No hay que asustarse ante la posibilidad de un pronunciamiento del Constitucional, dice; no, qué va (se escucha en Presidencia del Gobierno, y no solo en esos pasillos). Yo, que soy jurista -ha dicho-. No ha hecho tal consideración como piloto de aeroplanos, tenista, chef o maestro alfarero, sino como jurista -pues, menos mal-. A la vista está, Torres y Matos tienen una percepción del riesgo político diametralmente opuesta, procesan el miedo o las amenazas de forma bien diferente. Quizá, tal vez, obedezca a que Ángel Víctor Torres se lo juega todo y Gustavo Matos, agazapado en la mesa de la Cámara, ve los riesgos, el desgaste y la bola de partido que está asumiendo su secretario general -y candidato a la Presidencia- desde la barrera, bien lejos del toro, observando el encierro como lo hacen los turistas en San Fermín, entretenido pero desentendido de miedos o amenazas inminentes, sin tener que preocuparse por esto o por tantas cosas.