Tribuna

El PNC y el REF

En el mundo actual vivimos rodeados de siglas y acrónimos que llegan a confundirnos por su profusión. El PNC, Partido Nacionalista Canario, es la organización política más antigua de Canarias y la tercera más antigua del Estado español. El REF, el Régimen Económico y Fiscal, es también el testimonio económico y fiscal más antiguo en […]

En el mundo actual vivimos rodeados de siglas y acrónimos que llegan a confundirnos por su profusión. El PNC, Partido Nacionalista Canario, es la organización política más antigua de Canarias y la tercera más antigua del Estado español. El REF, el Régimen Económico y Fiscal, es también el testimonio económico y fiscal más antiguo en cuanto a las relaciones del Estado y de Canarias. Como nos recuerda uno de sus estudiosos más conspicuos, Salvador Miranda Calderín, el REF tiene su origen en lo que se denominó el privilegio de franqueza de 20 de enero de 1487 que otorgado por los Reyes Católicos a Gran Canaria eximían a la isla de la gran mayoría de los tributos que figuraban en la Hacienda real castellana de entonces.


La clase política canaria de nuestros días habla a la población del REF como si todo el mundo supiera de qué va la cosa, y esa misma clase política se detiene muy poco a explicar lo que esas siglas nos quieren decir. Algo que podría resumirse así: 1) que la presión fiscal en Canarias fuese menor que en el resto de España; 2) incorporar un bloque de incentivos fiscales y económicos que generase decisiones inversoras y modernizara el aparato productivo y comercial; 3) atraer capitales y empresas a la Zona Especial Canaria; 4) promover medidas de carácter público para minimizar costes de insularidad y lejanía en áreas como el transporte, el agua, la energía, y 5) adentrarnos en la modernidad tecnológica con apuestas valientes en el ámbito de las telecomunicaciones y de las inversiones I+D+i.


Llamamos al REF Régimen porque en 1972 esa denominación sustituyó a otra más apropiada, la de Estatuto Económico y Fiscal de Canarias, debido a que esta última podría recordar el Estatuto de Autonomía de la etapa republicana, como dejó dicho en su momento Antonio Carballo Cotanda y más tarde nos recordó José Carlos Francisco. Francisco ha apuntado también que ese Régimen o Estatuto Económico y Fiscal debiera estar diferenciado del Estatuto de Autonomía, pues necesitamos que la economía y la fiscalidad sean susceptibles de reformas estratégicas, al margen de la rigidez de una reforma estatutaria convencional.


Vistas así las cosas desde la perspectiva histórica, lo que está claro es que el Estado español, y sus vaivenes con relación al estatus económico y fiscal del Archipiélago, y a su falta de respeto por ese renovado privilegio de franqueza, ha hecho más en los últimos treinta años por fortalecer la unidad del nacionalismo canario que la misma dinámica interna de esa ideología insular, que no insularista, como algunos quieren entenderla y practicarla, situándose al margen de lo que ha de ser la verdadera construcción de un proyecto nacional canario.


El momento actual se parece mucho al vivido por nuestra Comunidad durante el gobierno de Jerónimo Saavedra de la primavera de 1993, cuando se negociaban las bases económicas del REF de aquel momento y el ministro Solchaga dejó desnudo de argumentos al gabinete de Saavedra, lo que dio pie al nacimiento de Coalición Canaria: treinta y un escaños de solo obediencia canaria en el Parlamento Autónomo que luego se convertirían en una organización política que los mismos nacionalistas nos hemos encargado de debilitar y fragmentar sin descanso.


También en la elaboración de la Ley de Presupuestos para 2019, el Gobierno de Pedro Sánchez solo pactó con Podemos, una organización que votó en contra del REF y del Nuevo Estatuto, en un intento de volver a los regímenes absolutista y liberal de principios de siglo XIX y a suprimir el régimen de excepción fiscal, el legado fiscal y librecambista que había constituido el fundamento del modelo económico durante más de tres siglos, desde el fuero o privilegio de franqueza otorgado por los Reyes Católicos en 1487 para poblar y desarrollar económicamente al Archipiélago, y que solo volvió a recuperarse a partir del primer Decreto de Puertos Francos (11/7/1852), que suprimió las aduanas y cada área insular, cada puerto ‒El Hierro a partir de 1870‒ pudo tener libre acceso a los mercados exteriores. Canarias recuperaba así una política tributaria y diferenciada de la vigente en el territorio peninsular español.


Si nos uniforman económica y fiscalmente con la Península, nos matan. No se trata de discutir unas partidas económicas concretas, no se trata del huevo, sino del fuero. José María Sbarbi en su Gran Diccionario de refranes de la lengua española, 1943, explica que se atribuye esta locución a que siendo alcalde de Toledo don Esteban de Illán, siglo XIII, se le ocurrió al rey don Alfonso VIII imponer un tributo sobre aquella capital, cobradero en huevos de gallina, a lo que se opuso dicho alcalde. Cuando el monarca se extrañó por esa negativa ante contribución tan exigua, el alcalde le contestó que estaba dispuesto a pagar donativos más crecidos, pero siempre con el carácter de espontaneidad y nunca con el de imposición de orden superior, pues en esto último se atacaba a sus privilegios, franquicias y exenciones; en una palabra: que al comportarse así, lo hacía no por el huevo, sino por el fuero.


El Estado español ha vuelto a las andadas con Canarias este verano de 2021. A ver si con este nuevo empujoncito el nacionalismo canario deja de romperse en mil pedazos y los protagonismos dejan paso a los consensos y a la deseada unidad. Por decirlo que no quede.