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Pandillas de ágrafos

Cuando uno ve a esas pandillas de ágrafos juveniles descuidados pulular por las calles tiene ganas de llamar a un guardia. Pero nunca se encuentran guardias cuando uno los necesita. Está subiendo la incidencia del coronavirus, al que ahora llaman cepa Delta, como si fuera una operación anti talibán en Afganistán. Todo el mundo, y más la autoridad, se contradice, pero lo cierto es que siguen llegando pandilleros de colegios que se mezclan en los hoteles baratos sin cuidado y que propagan la enfermedad con su alegre idiotez. En fin, el Gobierno -el de Canarias- yo creo que anda desbordado y la autoridad sanitaria parece el jinete impávido. El control absoluto no existe y cuando la cosa se pone más fea, la autoridad judicial, que no ha estudiado medicina, se lanza al espacio sideral con autos liberatorios. Estamos en un sinvivir; y yo, que he denunciado que el Gobierno no sabe contar, lo sigo diciendo, porque en la Gran Canaria -de manera incomprensible- tienen ángel de la guarda y aquí no. Yo sueño ya hasta con Blas Trujillo con alas de querubín, agitándolas en Las Palmas y echándonos los virus para acá. Asomado a mi balcón veo pasar bandadas de despreocupados infantes, con la mascarilla en la barbilla y diciendo disparates, todos mezclados, en tropel, sin aportar un gramo a la economía y haciendo que gastemos dinerales en hospitales para curarlos los que sí pagamos impuestos. Esto no tiene remedio. O se toman medidas o el turismo no volverá nunca. Están retirando los carteles de sus locales tiendas prestigiosas, de lujo, en el Sur de Tenerife. Tiendas que se van para no volver. Y no hay un duro en la calle. Y Hacienda, con su implacable avidez y crueldad, volverá a salar a los empresarios el 20 de julio, otro día fatídico en la historia nuestra de cada día.

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