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Qué listos son los lectores

Hay que ver. Ayer, por la acción de un duende, en la edición digital se coló, bajo un título que sí era mío, un texto que no lo era. No tengo ni idea de quién lo escribió y el error fue subsanado inmediatamente. En la edición impresa todo estaba correcto. Pues bien, me telefonearon varios lectores diciéndome que aquel texto no era mío. Y preguntándome si ese día no tenía ganas de escribir y si contraté a un negro. Primero, yo siempre cumplo mi compromiso del artículo diario, jamás fallo, ni en las peores circunstancias personales, como he demostrado; y segundo, no estoy yo para contratar negros que hagan lo que debo hacer yo. Me pregunto cómo los lectores pueden averiguar sobre la marcha que el texto que aparece en un periódico no es de un autor determinado, lo cual me llena de espanto porque ello significa que te miran con lupa lo que escribes y que te tienen trancado, como se suele decir por aquí. No pasó nada, porque el responsable de la edición digital subsanó inmediatamente el error y aquí paz y después gloria. Pero insisto en mi asombro de lo listos que son los lectores y cómo le tienen cogido a uno el estilo. Y ya que el Pisuerga pasa por Valladolid, les diré a los que determinan los BIC (Bienes de Interés Cultural), que me parece estupendo que quieran conservar la gasolinera de la estrella, en la salida del Puerto de la Cruz, con su bellísimo techo de hormigón, pero parece absurdo que los locales de la planta baja se estén cayendo materialmente cuando su propietario los ha querido arreglar. No lo dejan, están llenos de nidos de ratones, abandonados, ocupados, enfrente mismo de una clínica, dando al paisaje un aspecto deplorable. Tenga usted BIC para eso, para ir a peor. No tenemos remedio.

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