tribuna

Tico Medina, el periodista que sabía de todo

Lo traté aquí, en el Puerto de la Cruz, cuando la época gloriosa de los Festivales del Atlántico. Escolástico Medina García, más conocido por Tico Medina, tenía 86 años y aún colaboraba para mi amigo Carlos Herrera, que le admiraba. Murió con las botas puestas, pues hasta anteayer mandaba su crónica grabada a la COPE.


Sus comentarios, llenos de metáforas y de argumentos hilados, se caracterizaban por su agudeza y por su sabiduría narrativa. Nadie como él combinó lo serio con lo farandulero. Le reclamaban en todas partes porque sabía de todo. Es lo que se dice, que el periodista es un ser que sabe de todo porque no sabe de nada.


Pero Tico era un maestro y, sobre todo, un maestro por cómo contaba las cosas cotidianas, esas cosas que nadie, sino unos cuantos privilegiados, se dan cuenta de que están pasando y de que pueden interesar a los demás. Hacía sus crónicas de voz como si estuviera dando pequeños recados a los oyentes y cuando escribía lo hacía de una manera poética y sin ofender. ¿Se puede esperar cosas amables de un periodista en un mundo informativamente deshumanizado? Pues sí, Tico Medina lo consiguió.

Nacido en el monte de Granada, viajó por todo el mundo, fue un hombre universal, y lo mismo escribía un reportaje para una revista del corazón que una crónica de sucesos. Era un informador completo, fiable y amable. Dominó todos los géneros, desde el periodismo escrito hasta el televisivo. Creo recordarle en Pueblo, durante mis prácticas de diseño con Asensi, hablado con Emilio Romero junto a aquellos ascensores que no tenían fin, que subían y bajaban como una noria. Jefe de reporteros de ABC, pasó a Televisión Española donde entretenía hasta sin querer contando lo que ocurría en el mundo.


Hay gente que posee una gran capacidad para transmitir lo que ha visto y uno de estos privilegiados era Tico. Murió el otro día, ya muy cascada su voz por el tiempo, pero ya digo que cuando aún sabía y podía contar cosas, hilando acontecimientos múltiples como si fueran uno solo.


Dotado de una gran imaginación prestigió las páginas de revistas que han roto todos los moldes, como ¡Hola!, a donde llegó supongo que de la mano de don Antonio Sánchez, que empezó haciendo una revista con recortes de otras y miren dónde está ¡Hola! hoy.


Tico era uno de los grandes periodistas españoles que podía tocar cualquier instrumento de la profesión, el rey de la metáfora, el maestro de la palabra exacta, el hombre que no sabía –ni quería— ofender a nadie. Dejó un buen legado en todas las facetas de esta profesión apasionante, de la que sin embargo todo el mundo –yo mismo— reniega tanto.

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