Después del paréntesis

Verdades

Alguien preguntó si a Florentino Pérez le quedaba algún amigo. Y la respuesta es sí, los mismos de antes e incluso alguno más. La cuestión es que un listillo creyó que podía beneficiarse por lo que grabó o por lo que encontró, no lo sé, un material sonoro en el que el presidente del Real […]

Alguien preguntó si a Florentino Pérez le quedaba algún amigo. Y la respuesta es sí, los mismos de antes e incluso alguno más. La cuestión es que un listillo creyó que podía beneficiarse por lo que grabó o por lo que encontró, no lo sé, un material sonoro en el que el presidente del Real Madrid pone finos a algunos representantes insignes de la entidad, desde futbolistas estrellas (Casillas, Guti, Coentrao…) a algunos entrenadores (Mourinho y Del Bosque). El avispado se agarró al clavo ardiendo y con ello se movió. El señor Pérez sabe lo que dijo, lo que dijo tiene precio y el lince quiso cobrar. Don Florentino le dijo que hasta allí había llegado, o lo que es lo mismo, lo invitó a que diera a conocer su voz. Y así fue.

¿Por qué don Florentino Pérez actuó de ese modo? Varias cuestiones se arriman a la respuesta. La primera es que las conversaciones que una publicación de internet dio a conocer son conversaciones privadas, pertenecen al círculo más íntimo y particular de quien habló. Es decir, la propiedad cruzó la línea de seguridad.

De donde, por un lado, el traidor y, por otro, el aprovechado. Se abrieron ante don Florentino Pérez dos caminos: sucumbir al chantaje o dar la cara. Y lo propio de un hombre como él es dar la cara. Y la dio. ¿No tenía dinero para acallar? Más, ¿a qué conduce esa actitud? A lo segundo a referir. Lo que Casillas, por ejemplo, diría es que en las conversaciones privadas es posible hablar mal hasta de tu madre. Fuera de contexto las palabras se extreman. ¿Desprecia Florentino Pérez a las personas que en esas instancias cita? No, justamente no. Y ello lleva a aceptar lo que don Florentino es y representa: Presidente que fue y es del Real Madrid. Así, los profesores no son amigos de los alumnos ni los entrenadores de los jugadores; los máximos representantes de un club tampoco lo son de sus empleados, por más que se llamen Cristiano Ronaldo, Iker Casillas o Lionel Messi. Y el señor Pérez alza la punta del iceberg ahí, una de las cuestiones que conturban a los españoles comunes: la verdad; fulanito es así, el otro de ese modo y el de más allá del suyo: pelele, zoquete, anormal, hijo de p., imbécil… Lo que por lo general se proclama es que las biografías han de ser ejemplares, vivir en el mundo de la templanza, al arrimo de la santidad. Florentino Pérez lo niega; eso no ocurre. Es decir, hasta aquí alcanza un tal Mourinho. Y es poco, muy poco, lo que remató para el caso el compilador.

En eso don Florentino Pérez también es ejemplar.