tribuna

Chicas, moderación…

Por docentes e investigadoras de la ULL

Cuando pensamos en una batalla desigual, una palabra aparece en nuestra mente: Salamina. Un lugar y acontecimiento histórico que hoy podemos usar para referirnos a la batalla decisiva para defender una causa, la democracia o las aspiraciones de igualdad, porque no queda otra opción que la rebeldía ante la injusticia. Irene Vallejo lo expresa bien en su magnífico libro El infinito en un junco. Salamina ha llegado a ser un símbolo contemporáneo: el de la resistencia ante una agresión avasalladora, no importa el número de combatientes en uno u otro lado, sino quién tiene el poder y las armas.


Hoy esos combatientes no tienen las caras ensangrentadas y llenas de barro, están cómodamente sentados ante sus pantallas de ordenador tecleando y dando forma a artículos con los que alimentar sus blogs y perfiles en redes. Pertrechados detrás de esas cómodas y seguras trincheras, como es el caso del autor del artículo al que contestamos, lanzan dardos envenenados sin importarles siquiera si la información obtenida procede de un expediente confidencial, al que no debieron tener acceso, y sin pudor alguno para utilizar, al comienzo de su escrito, la que empieza a ser habitual parrafada paternalista contra el feminismo.


Y aprovechando las aguas revueltas del debate de los últimos meses (que no lo son tales, si se es capaz de ver bajo el espumarajo maloliente de las redes) el autorizado profesor nos advierte del peligro de “estirar el chicle ya masticado” de la Igualdad: solicitar comisiones de contratación de candidatas o candidatos para una plaza en la universidad ¿paritarias? ¡Pero bueno! ¿Qué nos hemos creído? ¿Osamos poner en duda la objetividad de personas autorizadas, expertas en la disciplina y las afamadas y mutantes tablas de baremación proporcionadas por la institución para facilitar la tarea? ¿Adónde vamos a llegar?


El incauto profesor ni siquiera se ha dado cuenta en su vanidad de escritor de blog, de articulista y entrevistador de revistas de moda, y director de un proyecto periodístico, de que él mismo está contestando a esa pregunta. Es obvio que mucha objetividad no hay y, mucho menos, neutralidad, si ni siquiera se respeta la confidencialidad de lo contenido en un expediente en mitad de un proceso de reclamación al que tiene todo el derecho la candidata a la que alude en el comienzo de su escrito. También tiene derecho, una vez superada la perplejidad ante la infravaloración de sus méritos, a redactar una argumentada reclamación y que esta sea atendida de forma honesta, profesional y por personas que velen por la corrección de todo el proceso. Por si fuera necesario decirlo.

Nuestro periodista, probablemente urgido por los ritmos acelerados característicos de nuestro tiempo y por la lógica del mundo de las publicaciones digitales, no ha tenido tiempo de revisar unos datos y una literatura imprescindible para fundamentar todas y cada una de las demandas incluidas en nuestros planes de igualdad, en la ley de igualdad, en la ley de la ciencia, las que emanan de directrices europeas y hasta de los
Objetivos de Desarrollo Agenda 2030 de Naciones Unidas. Sí, todas incluyen el compromiso de las instituciones para configurar comisiones con composición equilibrada de hombres y mujeres en todos los procesos selectivos. La genial Laura Freixas cita en un tweet a la jueza Lourdes Arastey en una declaración en El País: “Nunca, hasta que empezaron las mujeres a acceder a puestos de decisión, se había acordado nadie tanto de que hay que acceder por méritos. Como si ese requisito hubiera sido innecesario mientras los candidatos eran sólo hombres”. Claro que hay que acceder por méritos, la cuestión es quiénes los evalúan, con qué criterios, qué valores y prácticas guían tal proceso y quién vela por la neutralidad del mismo. La paridad no es un capricho, cualquier persona interesada en definir adecuadamente el concepto de objetividad encontrará una amplia literatura y no es el momento de hacer referencia a ello. Baste recordar que hace tiempo que la vieja aspiración de un saber objetivo con pretensión de validez universal ha ido dando paso a una concepción de la objetividad que hace referencia a aquello que sobrevive al escrutinio crítico desde perspectivas diversas. De ahí que la participación plural, equilibrada, de visiones diversas, sea la forma más adecuada de generar acuerdos y consensos. De acercarnos a esa deseada objetividad.


Argumenta el profesor que el feminismo fue necesario. Así, en pasado, pero que ya no lo es. Que las mujeres son mayoría en toda la comunidad universitaria y que es hora de que la burbuja del feminismo comience a desinflarse. Hemos alcanzado la igualdad real, somos mayoría y creciendo, y ni siquiera nos hemos dado cuenta ¡Estas feministas! Reclama moderación a las feministas falseando datos sobre los porcentajes de mujeres en la comunidad universitaria al tiempo que de forma benevolente acepta la utilización del lenguaje inclusivo ¿qué más queremos?


Un vistazo al informe Científicas en cifras 2021, del Ministerio de Ciencia e Innovación, nos da una idea clara de la situación. Las mujeres son el 56% en estudios de grado y de máster, pero es muy desigual su presencia en los diferentes campos del conocimiento: 60% en salud, artes, humanidades y ciencias sociales y jurídicas; es equilibrada en ciencias, pero se observa un ligero retroceso de la presencia de mujeres en lo últimos cursos académicos; y es de sólo un 25% en ingeniería y arquitectura. Unas diferencias que también se reproducen en el nivel de doctorado. La gráfica de tijera persiste y el techo de cristal (que mide con un índice cuantitativo la dificultad de promoción de las mujeres a los niveles más altos de la academia) apenas varía en unas décimas en los últimos años. Como consecuencia, las catedráticas no representan más que un 24% y las profesoras titulares (con variación significativa también dependiendo de la especialidad) un 44% de media. Los cargos de representación son el espacio de los hombres: 77% rectores, 65% decanos, 65% directores de departamento y 77% directores de institutos universitarios. Se ha avanzado en la configuración de equipos de dirección con equilibrio de género, sí, ocupando las mujeres aquellos que implican unas mayores cargas de trabajo, de forma general. Las desempleadas con educación superior en España son el 59,3%.


Señor periodista, en la academia y en la sociedad sigue siendo necesario el feminismo porque mientras haya una mujer que sufra por el hecho de serlo, sean infravalorados sus méritos y su trabajo por comisiones no paritarias, no sea respetada, o sea señalada en un artículo periodístico con la intención de silenciarla, las académicas feministas seguiremos batallando en Salamina.

Inmaculada Perdomo Reyes
Dulce María González Doreste
Esther Torrado Martín-Palomino
Sara García Cuesta
Carina González González
Pino Caballero Gil
Margarita Ramos Quintana
María José Guerra Palmero
María Eugenia Monzón Perdomo
Pilar Matud Aznar
Gloria Rojas Rivero
Esperanza Ceballos Vacas
Inmaculada González Pérez
Carmen Ascanio Sánchez
Noemi Cinelli
Jezabel Molina Gil
Yaritza Garcés Delgado
Rodney Lacret
Rosa Cubillo López
Laura Aguilera Ávila

Profesorado de la ULL

*En respuesta al artículo “Hombres y Mujeres” firmado por José Luis Zurita (Diario de Avisos 31/07/2021)

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