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Llanto culé

Nunca he sabido de dónde viene eso de culé. Tampoco voy a averiguarlo. Lo que veo es un llanto excesivo porque se les va Messi a ganar mucho dinero en el París St. Germain. Si los culés creían que el jugador –que todavía habla con cerrado acento argentino y vino con 13 años— iba a hacer un sacrificio manifiesto para quedarse en el Barça es que son unos ilusos. Messi tiene un padre que es la avaricia personificada y un caro entorno que mantener. Así que no piensen que se iba a quedar en Barcelona por amor. A lo mejor yo haría lo mismo, no me crean un santo. Messi deja al Barça desarmado, lo convierte en un equipo vulgar. Desde hace años todo el mundo se preguntaba qué haría el equipo que viste de azulgrana sin Messi. Posiblemente nada. Pero aquí ha habido una persona sensata: el presidente Joan Laporta. Un hombre inteligente, que se siente aliviado después de que un tío que gana 75 millones netos por temporada se mande a mudar. ¿Ustedes saben lo que significan 75 millones para el bolsillo, libres de impuestos, 150 para el club? Lo puede comprar todo. Ahora los va a ganar, quizá más, en el París del jeque, que no tiene límite salarial y que es, incluso, el mentor de Ceferín, presidente de la UEFA, a juzgar por ciertas picaditas de ojos en actos oficiales. Demasiadas lágrimas cuando el mundo está asolado por una pandemia, cuando se muere mucha gente y cuando los pueblos están patas arriba. Sean sensatos, jueguen con lo que tengan, si es que pueden, y dejen en paz a Messi, que no ha demostrado demasiados sentimientos ante quienes le han dado todo. En esta operación sólo existe un héroe, Joan Laporta, que es el único que ha tenido el sentido común de no dejar que el Barcelona se arruine. El monumento deberá ser para él.

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