superconfidencial

1971

Aquel año, 1971, Alfonso García-Ramos me envió a La Palma a cubrir la erupción del Teneguía. Sustituí a mi compañero Luis Ortega, que se puso enfermo y la altísima fiebre le impedía seguir con sus crónicas -muy buenas, por cierto- de la erupción. A Luis, ya lo he dicho, se le debe el nombre del […]

Aquel año, 1971, Alfonso García-Ramos me envió a La Palma a cubrir la erupción del Teneguía. Sustituí a mi compañero Luis Ortega, que se puso enfermo y la altísima fiebre le impedía seguir con sus crónicas -muy buenas, por cierto- de la erupción. A Luis, ya lo he dicho, se le debe el nombre del volcán, que nadie más se apropie de esa autoría. Las comunicaciones entre Fuencaliente y Tenerife eran infernales. Yo llevaba conmigo una vieja cámara Contax que me prestó el fotógrafo de La Tarde, Antonio Pallés Sala, que era el marido de la periodista Olga Darias. Las fotos las enviaba por avión a Tenerife, gracias a los pilotos de los Fokker que prestaban el servicio aéreo con Los Rodeos. Había pocas líneas de teléfono y entre los servicios sanitarios, la Guardia Civil y los periodistas que cubríamos el suceso siempre estaban ocupadas. Las fotos eran, naturalmente, en blanco y negro. La llama del Teneguía aparecía blanca en las placas, cuando sacaba las fotos de noche. No recuerdo cuántas publicó La Tarde y ni siquiera si yo las firmé. Supongo que las crónicas, sí. Me alojaba en la pensión de unas viejas en Santa Cruz de La Palma, muy desconfiadas. Y para ir a Fuencaliente alquilábamos un viejo taxi entre varios, porque La Tarde no era lo que se dice un periódico generoso. No hay que olvidar que el administrador, o como se llamara, era un tal Medina, individuo perversamente tacaño. Parece mentira que hayan pasado 50 años. Yo era entonces un joven aprendiz de periodista, creo que ni siquiera había terminado la carrera. He perdido la memoria, casi por completo, de la erupción del Teneguía. Los recuerdos se confunden en mi cabeza, no doy pie con bola. Sólo sé que este volcán, aún sin nombre, no me gusta nada. Pero nada. Desde luego es mucho más infernal y peligroso que el de 1971. O eso creo.