Tribuna

Canarias: autonomismo o soberanía* (y II)

Nos ha dejado dicho el profesor de la Universidad de Stanford especializado en macroeconomía, el francés Éloi Laurent, que la economía se ha convertido hoy en la gramática de la política, y esa observación es muy pertinente para aplicarla a Canarias y a sus anhelos de libertad política, y a su posibilidad para autogobernarse y […]

Nos ha dejado dicho el profesor de la Universidad de Stanford especializado en macroeconomía, el francés Éloi Laurent, que la economía se ha convertido hoy en la gramática de la política, y esa observación es muy pertinente para aplicarla a Canarias y a sus anhelos de libertad política, y a su posibilidad para autogobernarse y autolegislarse sin limitaciones paternales del Estado español. Un salto que debiera dar nuestra Comunidad desde el autonomismo encorsetado actual a una soberanía tanto económica como política en el más amplio sentido. Quizá el que ese esfuerzo por Canarias definirse a sí misma y por asumir los riesgos de lo que supone caminar por sus propios medios haya sido frenado siempre por lo que el catedrático de economía aplicada de la Universidad de La Laguna José Ángel Rodríguez Martín ha definido, en una larga entrevista en Diario de Avisos (13/12/2020), como «Eso [que] tiene que ver, en parte, con una forma de negociación presupuestaria con el Gobierno Central que viene imperando desde hace bastantes años. Y que son las derivas del viejo pacto centenario de las élites canarias con la Corona». Según el profesor lagunero de origen palmero, «siempre ha habido pactos implícitos entre los grupos de intereses canarios y Madrid. Y eso, en parte, explica por qué aquí no han surgido significativos grupos independentistas. ¿Por qué, cuando las independencias de Cuba, Puerto Rico o Filipinas no ocurrió lo mismo en Canarias? Pues porque Madrid les daba mucho a esas élites. Les daba sosiego, las defendía, usaba las armas si era preciso para protegerlas, ponía las instituciones a su servicio. Les decía, «Ustedes van a estar al frente de cabildos, el poder municipal, las Cortes, las organizaciones mesocráticas… ¿para qué quieren ser independientes, si les damos corresponsabilidad real de dominio?». En suma: los convertía en guardianes de sus propios temores y cortedades.

Solo de vez en cuando ese pacto implícito entre el Gobierno del Estado y las élites empresariales canarias quiebra y genera roces que tímidamente generan asomos de radicalización desde el Archipiélago. Pasó en la primavera de 1993, durante el gobierno de Jerónimo Saavedra, cuando se negociaban las bases económicas del REF de aquel momento y el ministro Carlos Solchaga dejó desnudo de argumentos y de apoyo al gabinete de Saavedra, lo que dio pie al nacimiento de Coalición Canaria: treinta y un escaños de solo obediencia canaria en el Parlamento Autónomo liderados por voces empresariales como las de Francisco Ucelay Sabina; treinta y un escaños que luego se convertirían en la placenta donde se fraguó una organización política nacionalista que muchos afanes personales se han encargado de debilitar ideológicamente y de fragmentar orgánicamente sin descanso. Como esos mismos afanes personales derribaron las expectativas que transitoriamente alentaron el triunfo electoral en 1979 de una instintiva fuerza nacionalista como la UPC, la Unión del Pueblo Canario, desaparecida como un azucarillo en las aguas revueltas de la siguiente legislatura.

Y, en parte, aquel viejo enfrentamiento entre las élites empresariales y las organizaciones nacionalistas contra el Gobierno Central de 1993 ha surgido tímidamente de nuevo en 2021, cuando la ministra española de Hacienda ha ignorado principios fiscales del REF restando competencias a Canarias como escenario de producciones cinematográficas en beneficio de otras comunidades del Estado.

Por lo que vemos, el salto de un tímido autonomismo a situaciones de mayor soberanía política y económica de Canarias siempre se ha quedado en entredicho, como nos señalaba José Ángel Rodríguez Martín. La duda sobre nuestra autosuficiencia y los temores que desata esa aparente fragilidad estructural en nuestro pueblo y el coyuntural caramelo regalado de los gobiernos centrales españoles a las élites empresariales insulares cuando surgen cíclicas tensiones entre los intereses peninsulares e insulares, han sido las constantes de las relaciones entre Canarias y las Españas imperial de ayer y democrática de hoy.

En esa tensión constante a lo largo de los siglos se ha ido escribiendo la historia de Canarias y su relación subalterna con España: ¿optar por un autonomismo insípido, pero práctico a corto y medio plazo; optar por una soberanía tan valiente como improbable? ¿Quién es capaz de responder?

*Texto sobre la convención

‘Autonomismo o Soberanía’ del

Partido Nacionalista Canario

(25 de septiembre de 2021)